Yo digo Sebastián Álvaro

Cuestión de tamaño

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El matrimonio de décadas entre la pequeña pantalla y los documentales ha resultado una relación armoniosa y muy enriquecedora para ambos cónyuges. Hasta tal punto es así, que muchos expertos no dudan en afirmar que el documental es el único género específicamente televisivo que existe. A cambio, el documental ha ofrecido a la televisión su lado más noble, el de convertirse en una privilegiada ventana abierta a los infinitos misterios de nuestro mundo. En estos tiempos de ombliguismo y memez intelectual que asolan el medio, la provocación a mantener viva la curiosidad que supone cualquier documental emitido por televisión resulta más que recomendable, casi imprescindible por higiene mental.

Desde luego da miedo pensar en qué será de una generación educada entre concursos, culebrones y demás productos bendecidos por el share, terrible palabra que esconde la clave del declive de la calidad televisiva en todo el mundo en las últimas décadas. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, el documental en nuestro país está dando un interesante estirón, un crecimiento en cuanto a su capacidad para integrarse en el ocio de las sociedades desarrolladas que cristaliza en su paulatina incorporación a la oferta de las salas de cine, saltando de la pequeña a la gran pantalla. En realidad, simplemente se trata de una vuelta a los orígenes, pues obras maestras de este género cinematográfico como ‘Nanook, el esquimal’ fueron un grandísimo éxito de público durante sus proyecciones en cines de todo el mundo, del mismo modo que las impresionantes imágenes de George Mallory y sus compañeros luchando por escalar el Everest abarrotaron las salas de cine más importantes de la época y ‘El Triunfo de la voluntad’, de Leni Reinfensthal, ayudó a consolidar y propagar el régimen nazi.

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Hace unas pocas fechas se acaba de estrenar en algunas salas de nuestro país ‘Atrapados en el hielo’, producido y dirigido por George Butler. Se trata de un interesante documental sobre la aventura de Ernest Shackleton y un puñado de compañeros en la Antártida, quizá la mayor aventura jamás vivida en las regiones polares. Cuenta como columna vertebral de la narración con el prodigioso material fotográfico y fílmico que aquellos hombres tuvieron el valor y la inteligencia de resguardar durante sus años de lucha por sobrevivir a aquel infierno de hielo.

Se trata de unas imágenes únicas, un auténtico tesoro que ahora tenemos la oportunidad de contemplar en este documental con la magnitud y el rito fascinante que supone dejarse envolver por la oscuridad de la sala antes de que la gran pantalla se ilumine con esta asombrosa historia de coraje y solidaridad que nos habla de lo más profundo y sublime de la condición humana. No se la pierdan.

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