Ciclismo | Vuelta a España

Ruge el león

Cipollini ganó su primera etapa en la Vuelta, la única gran carrera en la que no había vencido. Hoy, nueva oportunidad para los velocistas en la llegada a Roquetas

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Puestos a buscarle defectos, sólo me ocurre escarbar en su apellido, fíjense qué bajo se puede caer. Cipolla (no se asusten) significa cebolla en italiano, por lo que una libre declinación me permite deducir que Cipollini significa algo así como cebollino. Mario Cebollino. Eso le quitaría glamour, desde luego, y nosotros, originales, titualaríamos Cebollinazo en sus más épicas victorias y Cebollón en sus tristes derrotas. Pero le dejaría igual de guapo y de campeón.

Por lo tanto, habrá que rendirse y admitir que Cipollini es un fenómeno. Cómo explicarlo. Imaginen que Kournikova ganara torneos. Algo así. Porque a su valor deportivo suma una actitud que moderniza el ciclismo, un deporte con problemas de imagen. Nada es casual, Acqua&Sapone, el patrocinador de su equipo, es una empresa de cosméticos.

A sus 35 años, tras 178 triunfos y con victorias en todas las grandes carreras del mundo, Cipollini se encuentra con dos desafíos que se le resisten, los mismos que le han hecho volver al ciclismo después de anunciar su retirada hace dos meses: el Mundial y el récord de victorias de etapa en el Giro. Los dos están a tiro. El Mundial que se correrá en octubre en Zolder (Bélgica) está pensando para velocistas. En el Giro, una victoria más le igualaría al mítico Binda (40 triunfos).

Cipollini ganó en Murcia y logró su 12ª victoria del año (incluida la Milán-San Remo). Jamás había vencido en la Vuelta, la única grande en la que no había mojado (sobre la bici). Pero para él esto es el antipasto del Mundial. Un buen entrenamiento. Lo mismo deben pensar Freire o Zabel, enemigos ayer y enemigos en Zolder.

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Al igual que sucedió con la victoria de Di Luca, el triunfo de Supermario engrandece la Vuelta y le sube el caché justo en el momento en el que surgen críticas contra la organización por recortar el kilometraje de las cronos, en contra de lo anunciado en la presentación, el pasado diciembre. Por "problemas logísticos", la contrarreloj de Córdoba ha pasado de 50 a 36,5 km y la última etapa, en Madrid, de 45 a 41,2. Casero ha montado en cólera, y con razón: "No hay derecho a que nos quiten esos kilómetros. Eso sí, del Angliru y de la Covatilla no nos recortan ni un metro".

El holandés Van Goolen, que protagonizó la escapada del día, también lamentó que, ya puestos, no hubieran recortado la etapa de ayer unos 40 kilómetros, que nadie se acuerda de los pobres.

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