Entrevista De la Peña

"Italia es fantástica para ir de turismo, no para jugar al fútbol"

Vuelve Iván de la Peña, lo que puede entenderse en sí mismo como que vuelve el fútbol. Futbolero hasta el tuétano, Iván desgrana en esta entrevista su ideario sobre este momento que le toca protagonizar. Y rebosa esperanza, alegría, buen rollo.

"Italia es fantástica para ir de turismo, no para jugar al fútbol"
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La última vez que hablamos así, en plan doble página, estaba usted en Marsella y me dio un titular exquisito: "Casi nadie juega bien ya". ¿Seguimos igual o peor?

Sí, sí, me acuerdo de aquello. Bueno... Seguimos más o menos. El Madrid jugó muy bien la otra noche contra nosotros, sobre todo tras el descanso. El Madrid tiene la ventaja de que ficha gente que juega bien. Y le luce, claro.

En el fondo no es tan difícil. Cuantos más buenos haya en el campo, mejor.

Así es. Mire, no sé, igual yo soy el equivocado, pero me gusta el buen fútbol, el espectáculo, los futbolistas que juegan bien, los equipos que lo intentan.

En Italia, imposible.

Italia es magnífica para ir de turismo. Pero no para jugar al fútbol si no eres italiano.

Decían que usted no ha jugado en Italia. Tampoco Javi Moreno, Farinós, José Mari; al mismo Mendieta, en el Barça, se le ve con otra cara...

Me alegro por él, pues sé lo mal que lo pasó en el Lazio. Es una cuestión de mentalidad, no se trata de decir que son mejores o peores. Son distintos. Allá no importa ganar, importa que no te metan goles. Prefieren que un equipo presione y defienda a que toque, ataque y trate de divertir. Nosotros fuimos, lo probamos y no resultó, a la vista está.

A usted se le ha pedido siempre que defienda.

Sí.

¿Y por qué no le piden a Rochemback que juegue al fútbol? ¿Por qué al tronco se le admite que lo sea y al que quiere tocarla le piden que mejore no se qué carencias? Van Gaal con Riquelme, por ejemplo. Dice el holandés que el argentino tiene un montón de defectos, pero no resalta lo más importante: ¡que sabe jugar al fútbol! Ande, dígame algo...

Hay poco que decir, simplemente que todo eso que usted se pregunta y expone son verdades como puños. Mi caso, por ejemplo, es claro: con el entrenador que más jugué fue con Cruyff, y no creo que haya habido otro tan comprometido con el buen fútbol. Pero esto es así, siempre se cuestionó y hasta se persiguió al futbolista técnico.

¿Usted se ha sentido perseguido?

He sentido que del mismo modo que hace unos años se hablaba de mis virtudes, últimamente se ha puesto más el acento en mis defectos. Eso de que no se defender, por ejemplo.

Cuando le fichó el Espanyol le preguntamos a Valdano y nos dijo que tenía usted la obligación de demostrar al mundo que el talento químicamente puro tiene su lugar en este fútbol. ¿Acepta el reto?

Por supuesto que sí. Y lo acepto convencido de que lo voy a ganar. También lo estaba cuando antes del verano parecía que jugaría en el Oporto. Nunca me asustó el reto de salir a un estadio lleno de gente.

¿Contra qué pelea Iván de la Peña?

Pues contra el tiempo perdido por culpa de las lesiones. Ésa ha sido mi cruz. Al Lazio regresé lesionado tras haber jugado ocho partidos con Van Gaal, en mi segunda etapa barcelonista, y en el Olympique estuve casi cinco meses parado por una fisura en el peroné. ¡Hombre, está claro que estos últimos años no han sido los mejores de mi carrera, pero hay que explicarlo todo! Me lesioné mucho y el tiempo pasa y aquí estoy, esperando mi oportunidad.

Su caso y el de Ronaldo son parecidos. Dos calvetes, dos que huyen de Italia, dos que vuelven a España buscando olvidar lesiones y malos tragos, dos futbolistas que han despertado una expectación fuera de lo normal. Fíjese que en su caso se dice que podría debutar de españolista en el Camp Nou.

Podría ser, pero no vamos a precipitarnos. Yo estoy de pretemporada ahora. Busco mi puesta a punto. La temporada se alarga este año hasta junio, quiero jugar pero sin correr el menor riesgo. Estaré en el Camp Nou si me encuentro físicamente a punto. No me voy a exponer a una lesión muscular sólo por estar en ese partido. No estoy todavía a la altura de mis compañeros.

Le hablaba sobre Ronaldo.

Fue un honor jugar a su lado, una de esas sensaciones únicas que tiene el fútbol. ¡Qué maravilla! Pronto comprobará el Madrid lo que ha fichado, un fenómeno. Bueno, su tiempo en el Barça no está tan lejos: será aquel futbolista tremendo, imparable. Entre otras cosas porque aquí tendrá los espacios que jamás tuvo en Italia, ni él ni nadie. Aquí, con dos toques estás arriba y toda su potencia, todo su talento, fluyen de una manera desbocada. Aquí te dejan atacar, fíjese el Betis en Riazor. ¡Ésta es otra historia, gracias a Dios! Y a Ronaldo le viene de perlas. Es lo que le decía antes: la ventaja del Madrid es que compra buenos jugadores y eso siempre dio resultado, siempre.

Me acordé de usted, entre otros días, en la final de Glasgow, cuando Zidane se sacó de la manga aquel zambombazo para el 2-1. Pensé: eso, de los tíos que yo conozco, pocos lo probarían. Uno de ellos, el Pelado, seguro.

Es la calidad. Aquello lo hizo Zidane porque es Zidane: calidad, no casualidad. Suenan parecido, pero no son lo mismo.

Volviendo a usted y a la esquizofrenia del fútbol en Barcelona: me imagino que se da perfecta cuenta de que si debuta con el Espanyol en el Camp Nou repartirán camisas de fuerza. ¡Anda que no habrá culés que desearán su triunfo! Pero caerán en la cuenta de que también triunfaría el Espanyol y se volverán tarumbas.

A mí el Camp Nou me quiso mucho, sí.

Y a Van Gaal, poco...

Bueno, mi relación con el Barça fue muy anterior a Van Gaal.

Aquel par de partidos frente al Valencia (3-2) en Liga y Atlético (5-4) en Copa, con usted y Ronaldo desatados, es lo más grande que el Barça ha vivido en los últimos cinco años. Fue con el abuelo Robson en el banquillo, sí señor. Después, poquita cosa. Usted y yo y ochenta mil tíos más hemos oído cómo el Camp Nou pitaba al Barça de Van Gaal frente al Zaragoza, en un partido en el que ganándolo se proclamaba campeón de Liga. Una bronca enorme un minuto antes de que Giovanni, el que está en Grecia, marcara el gol que dio el título al Barça. Lo último grande, Ronaldo y usted, Figo y Rivaldo, la recta final de Guardiola... Ni un tuercebotas en la lista, nadie que se adapte a una libreta, a un fútbol preestablecido.

¡Ja, ja! Sí, yo también me acuerdo de aquellos partidos. Fueron formidables. Fue como lo del Madrid el lunes, aquella segunda parte supera las rivalidades, los colores. Cuando un equipo juega tan bien, el aficionado de verdad nota algo especial, se rinde, aplaude aunque el adversario sea el que más detesta como hincha. Y eso es lo que yo quiero contribuir a recuperar desde el Espanyol. Por mi nueva afición, para que los españolistas disfruten y se lo pasen bien. Y luego, por los demás. Si el Espanyol juega bien y es referencia, será una gran noticia para el fútbol de este país. Como el día que el Depor se hizo realidad por lo bien que jugaba, como lo está siendo el Betis.

Juande Ramos apostó por usted. Dicen que Iván de la Peña es cuestión de fe, y la fe, ya se sabe: se tiene o no se tiene.

Él la tiene y yo se lo agradezco. Apostó por mí desde el primer momento, hablamos un día y le dije que no le defraudaría, que sabría responder a la confianza que depositaba en mí. Yo necesitaba eso, un entrenador que confiara en mí. Me siento moralmente muy en deuda con él y con el Espanyol. Me están dando la oportunidad de hacer lo que más me gusta, jugar, que precisamente es lo que menos he podido hacer todo este tiempo.

Mire que lo de no defraudar pasará también por tirarse al suelo, por defender alguna cosa...

Ya, ya. Yo sé poco de eso, pero tampoco es verdad que me quite de en medio cuando pasa un rival con la pelota. Cada uno tenemos nuestras maneras, nuestras condiciones. Yo creo ciegamente en las mías y confío en dar que hablar esta temporada. Se ha dicho que no he jugado con varios entrenadores, pero yo sé que si no llego a lesionarme, otro gallo habría cantado. ¿Sabe que Courbis, el entrenador que me llevó al Marsella, me propuso acompañarle al Lens pese a que estuve cuatro meses largos lesionado? También es un dato.

En este fin de semana de selecciones, ¿la española es algo para usted?

Sigue siendo una ilusión, no descarto cumplir un día un viejo sueño: debutar en la absoluta. He jugado en todas las selecciones, menos en esa. Es una cuenta pendiente muy personal. Quizá si juego en el Espanyol como espero, se acuerden de mí. Sería magnífico.

Vuelve con ganas de hacer un montón de cosas.

Sí, siento esa necesidad, siento las ganas de jugar como nunca, para agradecerle al Espanyol la oportunidad que me ha dado, por mí mismo, por la gente que sigue confiando en mí. Tengo 26 años, muchísimo tiempo por delante todavía.

Vamos, Pelado, vamos. Hágalo por todos esos.

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Ya le digo: por ganas no va a ser.

Le estamos esperando.

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