Primera | Barcelona 2 - Atlético 2

La suerte fue del Atlético

El Barcelona fue superior pero le faltó puntería - Luis Enrique, maravilloso, marcó dos goles - Correa empató en el minuto 87

<b>GENIO Y FIGURA</b>. Burgos fue el mejor rojiblanco en el regreso del Atlético a Primera. El ‘Mono’ paró y dio espectáculo a partes iguales.
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Es curioso, corría el minuto 36, el Barcelona ganaba 1-0 y había tenido siete ocasiones clarísimas de gol. Sin embargo un aficionado del Atleti que rondaba mis entreteclas suspiraba aliviado. "Menos mal —resoplaba— llega a ser el Atlético el que falla tantas ocasiones y al final nos la clavan (sic). Lo estamos pasando tan mal que hoy no perdemos". Así es la intrincada realidad rojiblanca.

Porque el Atlético es un equipo de contrastes tan complejos que es capaz de combinar el aspecto del Mono Burgos, al que ayer sólo le faltaban las chanclas y el palillo en la boca, con el palmito del portugués Dani, propio de un maniquí de Calvin Klein. Por no hablar de la corbata de Gil, que no hay sitio.

Ya puestos en consideraciones estéticas hay que decir que el pantalón rojo que lucía ayer el Atleti tampoco les ayudó a carburar, porque la confusión de los símbolos provoca la pérdida de la identidad, y no hay más que recordar que este equipo bajó a Segunda cuando algún genio del diseño decidió pintarle en la camiseta una rayas como las del Hércules.

Al final, tal y como vaticinó el aficionado curtido en mil tempestades, el Atlético empató en el minuto 87 un partido que no sólo tenía perdido, sino perdidísimo, de forma cuasi bochornosa y acongojante.

Desde el primer minuto, la cosa fue un monólogo porque el Barcelona se lo pasó en grande al comprobar que tenía delante un rival sin cohesión, desordenado, incapaz de tener la pelota y blandísimo en defensa. Y además no presionaba. En tales circunstancias el Camp Nou se alarga y se ensancha y el Barcelona parece tener un extremo en Andorra y otro en Zaragoza, imposible encerrarse, inútil defenderse. Te bailan.

Así las cosas, la conexión Xavi-Luis Enrique-Mendieta-Saviola causaba estragos a fuerza de tocar y tocar, de paredes que parecían muros y pases en profundidad. El Atleti era incapaz de mantener la pelota, no hablemos ya de llegar al área rival. Y la defensa...

Luis ve cosas invisibles para nosotros, eso está claro, porque lo cierto es que la ignorancia nos impide ver absolutamente nada en Otero o Hibic. Carecen de contundencia, que a falta de calidad y otras exquisiteces, es lo mínimo que se le puede pedir a un defensa. Por lo menos que dé miedo. Pues tampoco. Porque a Coloccini, que ayer estuvo abracadabrante, cabe darle una oportunidad por viejas hazañas vitorianas, porque si no... No es raro que el club se haya apresurado en fichar a Contra para guarecerse en retaguardia.

Quizá el más aseado de los defensas atléticos fue Sergi. En el centro del campo, ni Albertini, ni Emerson, ni nadie. Arriba, el Niño era un náufrago entre cocoteros.

El primer gol llegó en el minuto cinco, autor Luis Enrique, que pronto daba señales de estar en trance. Es un futbolista imprescindible en cualquier equipo: sabe jugar, luchar y además le importa. Su sola presencia contagia de ardor guerrero, cuánto le debe el Barcelona de los últimos años. Siguiendo la política imperante en el club cualquier día le deportan y fichan a un primo de Reiziger.

Luis Enrique estaba en todos los sitios y, en todos, haciendo sublimes maldades. En una internada por la banda le hizo un recorte a Coloccini que envió al argentino hasta la profundidad de los Almogavers.

Tampoco tuvo desperdicio Saviola, muy activo, muy vertical, muy rápido. Y no fue menos Mendieta que con su estilo medio desmayado no se perdía una fiesta. Y Xavi tocando el tambor.

El Atlético, estaba desmadejado, muy separado, parecía (y perdón) un equipo poco entrenado, superado por los acontecimientos. Tiene trabajo Luis para encajar las piezas, para transmitir su espíritu.

Uno de los responsables de que el Atlético no fuera vilmente goleado en la noche de ayer la tiene Kluivert, un futbolista muy refinado, pero en ocasiones psicológicamente impotente ante la portería. Junto a él trabajó el Mono Burgos, todo hay que decirlo, que intercala sustos con paradas de mérito y acciones de tipo cuajado en estos menesteres.

Cuando agonizaba la primera parte y el Atlético con ella, Otero subió por la banda y centró al área un balón descontrolado que se encaminó a la portería de Valdés, que se la tragó sin masticar. Fue un gol muy parecido al que consiguió Goikoetxea ante Alemania en el Mundial de Estados Unidos. Más que un centrochut un centrochurro, para entendernos. Otero ni disimuló, ni se hizo el interesante, que en estos casos es un recurso muy digno, como diciendo que la quería poner ahí; Otero sonrió y se tocó la bota para comprobar que esa pierna era suya.

En la segunda mitad siguió el baile. Luis metió a José Mari y Stankovic, pero el Barça continúo el asedio. Una de las mejores ocasiones la tuvo Cocu a pase de cabeza de Otero (lo que oyen). Pero tuvo que ser Luis Enrique después de una pared con Saviola quien restableciera la lógica en el marcador. Van Gaal celebró el tanto haciendo aspavientos, peripatético. Por cierto, luce un tupé y una barriga que le harían pasar inadvertido en Graceland: sólo le falta embutirse en traje de lentejuelas con pierna de elefante. No descarten nada. Ah, Riquelme no salió hasta el minuto 79.

Cuando el Atlético parecía perdido el partido comenzó a enredarse. Entonces el Atlético se estiró, más por desesperación que por otra cosa, y así Stankovic, primero de falta y luego con un centro a la olla, sembró el pánico en el Camp Nou. Y fue muy poco después, cuando el propio Stankovic, repitió asistencia desde la izquierda y el balón llegó tras varias aventuras a Correa, que fusiló a Valdés y envió un fax a Gaspart.

Así es el Atlético, sólo deduciendo lo contrario de lo que se ve, se puede adivinar algo que va a suceder. Y a veces ni con esas.

Regular - Kluivert

El más gris del brillante ataque azulgrana. No estuvo tan acertado en el control y el pase como acostumbra.

Mediocre - Hibic

La pareja de centrales que formó con Coloccini dejó una conclusión clara: García Calvo es insustituible.

Mal - Dani

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Luis le ha confiado la media punta rojiblanca, pero ayer estuvo desaparecido y no demostró merecer tanta fe.

Muy mal - Coloccini

Lento, poco contundente, despistado en la marca e impreciso en el pase. Su baja forma es preocupante.

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