Primera | Real Madrid - Espanyol

Estreno extraño

En lunes, sin citación previa, con entrenamiento matinal, con Ronaldo en el palco y Morientes abajo. Y enfrente, el Espanyol

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Acualquiera le llega este debut en el Bernabéu a contrapié. La atmósfera en torno al Real Madrid está viciada por el ‘ronaldismo’ y el fútbol lo tenemos aparcado en la planta baja. Más todavía si nos obligan a comulgar con un partido en lunes, si Del Bosque no da lista de convocados ni concentra al equipo y si todos estamos pendientes de que Morientes termine de encontrar un equipo o se quede para siempre. Es decir, el Espanyol sorprende a los blancos con los cables cruzados y lo mismo Tamudo les da el susto ante los propios ojos de O Rei.

Lo bueno del Madrid, digamos, es que anda bastante metido en sí mismo. Del Bosque ha conseguido de sus hombres cierta abstracción frente al entorno. Por eso ganaron en Mónaco, reforzados en el espíritu de grupo. Y para más afianzarse van a entrenar hoy por la mañana, en una decisión novedosa, como todo lo que rodea al encuentro. Después, les tocará hablar en el campo. Hoy tendremos que ver si Raúl se ha entonado, si Figo confirma la resurrección, si Roberto Carlos mantiene su nivel extraterrestre y si Zidane no ha perdido su toque delicatessen. Tiene tanta madera este equipo que no deja un filo de duda sobre lo que debería ocurrir hoy en el remozado césped del Bernabéu. Al Espanyol le queda la alternativa de la emboscada: esconderse en el área y asaltar a Casillas, Hierro y Helguera en algún descuido.

Cambiasso.

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Vamos a ver hoy a Cambiasso, que es un atractivo superior en esta Liga. Lleva el mando del Madrid con aquél aire de Redondo, pero modernizado. Con más llegada, con más brío y con la suerte de sentirse amparado por Zidane. Y frente a tanto jugador suficientemente cotejado, provoca inquietud saber cómo Juande ha trabajado a Domoraud, Boghossian y Crusat en torno a esa punta de lanza tan de moda que es Tamudo. Es el nuevo Espanyol, creado para no sufrir.

En este extraño día de Liga habrá que mirar hacia arriba y hacia abajo en la grada del Bernabéu. El espectáculo es doble. La simple presencia de Ronaldo en el palco, horas después de fotografiarse con la camiseta número 11, eriza el cabello a lo mitómanos del fútbol. Y en el pasto, un equipo Campeón de Europa dispuesto a presentarse ante su afición con la alegría de que ha llegado a casa un campeón del mundo.

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