La riquísima literatura del montañismo
Este verano se ha editado un libro soberbio. Se llama El sentimiento de la montaña y lo han escrito Eduardo Martínez de Pisón, catedrático de Geografía, y Sebastián Álvaro, director de Al filo de lo imposible y colaborador de AS. Un orgullo para el montañismo contar con obras como ésta, que le convierten en un deporte de riquísima literatura, pues de otra manera no podrían describirse emociones y sentimientos ante las catedrales de la naturaleza, montañas verticales talladas a pico por los cuatro costados, en las que apenas son visibles líneas vulnerables. Y, sin embargo, son conquistadas.
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Los autores nos van desgranando esta lucha contra las cimas, remontándose a 1541 cuando Gesner, naturalista del Renacimiento, advertía que en las cumbres los hombres percibirán la armonía del mundo entero. Desfilan Saussure, Mummery, Buhl, Mallory, Herzog, Messner... Gente que conquistó la naturaleza vertical llevada por un afán que acabamos compartiendo, una vez que comprendemos la razón de cada escalada. Muchas, cientos de personas, murieron en el intento. Ninguna estaba loca, simplemente buscaba la culminación de un objetivo, que hasta tiempos muy recientes no era deportivo.
Son 400 páginas que recogen 200 años de alpinismo, epopeyas en la década de oro cuando entre 1855 y 1865 se conquistaron todos los Alpes. Entonces se supo que cualquier cima podría ser conquistada y nació la concepción deportiva del alpinismo, a la que nos incorporamos con Rabadá y Navarro, quienes murieron en el Cervino en 1965. Las bases las había sentado Pidal en 1904 al protagonizar un acto propiamente montañero, ajeno a cualquier fin científico o artístico: la ascensión al Naranjo. Fue la imagen del arranque del alpinismo español y cuyo final, con gente como los autores de este libro, no se vislumbra.
