No es de este mundo
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La capacidad física y el talento futbolístico de Roberto Carlos no deja de sorprenderme. Está sobrado. Es un portento de la naturaleza. Si no fuera porque le he tocado alguna vez la calva, diría que es extraterrestre. Va tan allá con su potencia, con su velocidad y desparpajo que a veces parece hasta sobrado. Cuando se mete en el partido no hay quien le pare. Y ayer fue uno de esos días en los que está con ganas. Con muchas ganas de hacer algo grande. Dos razones le empujaban a cortar el viento: tenía a su mujer en la grada por primera vez en una final y también quería dedicarle la victoria a Morientes. Roberto es un futbolista incomparable, pero a la vez un tipo íntegro amigo de sus amigos y enamorado de su familia.
Voy a los hechos: que un lateral marque dos goles en una final europea no es algo natural. Es patrimonio de un ser especial, de un futbolista incapaz de someterse a las leyes no escritas de lo que es un 3. Roberto marca un antes y un después en el concepto histórico del defensa izquierdo. Se trata de defender ágilmente, de correr la banda con más velocidad que nadie, de llegar al área sobrado de pulmones para chutar o combinar y marcar. ¿Alguien da más? Ni Ronaldo. No deja de asombrarme este Roberto, digo, además porque subraya todos estos gestos de superhombre con la sonrisa de un niño. Qué delicia tenerte entre nosotros. No cambies nunca, campeón.