Supercopa | Real Madrid 3 - Feyenoord 1

El Madrid lo tiene todo

Venció con gran fútbol al Feyenoord y se llevó la Supercopa - Cambiasso, enorme - Morientes, ni convocado

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Ya no falta nada, pero mientras lo escribo me entra la duda de si todavía no faltará alguien. El Real Madrid ganó la Supercopa, el trofeo que faltaba, y lo hizo a lo grande, sobrado, con una superioridad infinita. Se abrió el telón de la temporada y el nuevo supercampeón de Europa se exhibió ante el mundo, quién sabe si para demostrar eso mismo, que no falta nadie, quién sabe si reclamando una guinda.

Estábamos tan aturdidos por las fantasías casi sexuales que genera Ronaldo y las correspondientes duchas de agua fría con las que nos despiertan los presidentes, que nos olvidamos de un futbolista que teníamos justo delante de las pestañas: Cambiasso. Él, ese chico que tanto llamaba a la puerta, se convirtió ayer en el líder de un Real Madrid que no encontró más rival que un equipo tieso y desvalido. Entre la Champions y la UEFA caben varios mundos.

Como se ve, el partido dio para mucho. Y empezó con una sacudida: Morientes no sólo no jugaba, sino que no estaba ni convocado. Parece historia. Guti ocupaba su lugar. Con el ambiente caldeadito por la partida de póker que juegan Florentino y Moratti, el Madrid salió a lo grande. Y se vio tan superior tan pronto que incluso daba la impresión de disimular la sonrisa. Además, basta que coincidan un par de inspiraciones para que este equipo llegue al área contraria mascando chicle.

Así resultaron los primeros minutos. Zidane, en plan Nureyev, bailando y repartiendo; se confirma que él escucha música cuando juega, que la calva es un helipuerto. Figo estaba a lo suyo: intentando irse y hasta yéndose, surtiendo de balones la cazuela. Y Cambiasso arriba y abajo, robando balones y dirigiendo el tráfico, con buena pinta, con un pie que parece una cuchara, como Fernando Redondo, pero con verticalidad, que este sí es capaz de chutar a portería.

A los 15 minutos, con el Madrid volcado e involucrado, Cambiasso solventó un atasco con un pase en profundidad a Roberto Carlos, que chutó fuerte para que se la metiera un holandés y un holandés se la metió. Muy fácil. Apenas seis minutos después, y con el Madrid en pleno trance de taquitos y filigranas, llegó el segundo tanto. Roberto a Cambiasso y éste que se la devuelve, taconazo de Guti y el propio Roberto que dispara con la derecha, lo juro, chutazo por la escuadra. Gol de Playstation y el Feyenoord como los Washington Capitals, el equipo de membrillos del que se ríen los Globettroters.

Y sucedió lo que suele ocurrir en estos casos, que el Madrid se despista y que el rival se estira, aunque casi pidiendo permiso, más inocentes que los policías de Verano Azul. Aún así llegaron, es cierto, pero más por las dudas de los centrales (ay) que por los aciertos propios. Ni siquiera el gol de Van Hooijdonk en el minuto 11 de la segunda mitad inquietó lo más mínimo. Sólo hubo que apretar un poquito y sentenciar cuatro minutos después. En esta ocasión fue un cabezazo de Guti después de uno de esos pases de Figo en los que te llega el balón con un lazo.

En definitiva, gran partido del Real Madrid pero sin ensañamientos, porque de habérselo propuesto le podía haber metido un saco a esos holandeses que dicen que han ganado la UEFA. Tuvieron suerte: Raúl funcionó a medio gas, lejos de su mejor estado de forma, pero siempre presente aunque sea en cabestrillo.

Sé lo que están pensando. Es difícil imaginar qué hubiera sucedido anoche si hubiera jugado Ronaldo. Es bien probable que hubiera enchufado alguna y se hubiera fabricado otras dos. No es que Guti no lo hiciera bien y tampoco es cuestión de que al conjunto se le noten carencias, pero cómo negar que Ronaldo haría sublime a este equipo y hasta él mismo sería todavía mejor.

Es bueno descubrir que Cambiasso puede aportar frescura e ilusión, es magnífico reconocer a Portillo como un sucesor, pero es inevitable ilusionarse aunque te administren bromuro cada cuatro horas.

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Al final, poco antes de que se pusiera a cantar Freddy Mercury, Hierro, muy en capitán, reclamó la presencia de Morientes, Miñambres y Celades, ocultos entre bambalinas, vestidos de calle, fuera de la convocatoria. Aparecieron y se mezclaron en el grupo, pero Morientes se quitó la medalla nada más recibirla. No ha de sentir despecho, porque hay ciertas cosas que van en el sueldo. Solari, otro de los cromos que se manejan, jugó unos minutos, y quizá fue la forma en que Del Bosque quiso hacer su particular protesta.

El Madrid ganó la Supercopa y eso es mucho, es un buen síntoma, un arranque prometedor, la consolidación de un gran equipo que no se duerme. Todo maravilloso, ayer se ganó un título, pero, y lo diré bajito, se pudo ganar un doblete.

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