Deporte pata negra
Unos marines destacados en Hawai se pusieron a discutir sobre la dureza de los deportes que cada uno practicaba. Trataban de comparar una prueba de natación de gran fondo, una etapa ciclista y una maratón. Ese debate fue el origen del triatlón y el nacimiento del Ironman, una prueba terrorífica en la que se nadan 4 kilómetros, se hacen 180 en bicicleta y se termina corriendo 42 kilómetros. Sólo a tipos duros como los marines se les podía ocurrir tal cosa. Vistas así las cosas, nuestro deporte ha alcanzado el rango de marine. Ayer no hubo gran competición en la que no estuviéramos metidos.
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Quiso el azar que prácticamente todo se produjera a la misma hora, o con muy escasa diferencia, pese a que no todas las competiciones eran en el mismo continente. El Madrid, en Montecarlo, disputándose la supremacía europea; la Selección de baloncesto, en Indianápolis, jugando contra el Dream Team europeo; Estévez e Higuero, siguiendo los pasos a El Guerruj en Bruselas, y Martín Berlanas superando su récord español de 3.000 metros obstáculos y poniendo en un brete a los kenianos; Corretja y Ferrero, abriéndose paso en Nueva York; piragüistas y pelotaris, en pos de títulos mundiales.
Resultado: anoche faltaban televisiones, canales, parabólicas y tiempo para ver en qué frente nos iba mejor. Y menos mal que no era domingo, que si entran también en acción bicicletas y motos, hubiera sido el acabóse. Ya tiene que haber alto nivel deportivo en un país para que falten ojos donde mirar. No se trataba, además, de competiciones menores, ni tampoco de enfrentamientos ante rivales de escasa entidad. En absoluto. Y como en todos los frentes se podía ganar, el espectáculo era de primera magnitud. En Hawai nacería el triatlón, pero aquí tenemos un deporte pata negra.
