La que falta
El Real Madrid busca hoy su primera Supercopa - Parte como indiscutible favorito frente al Feyenoord - Examen para Morientes con Portillo al acecho

Se habla de maleficio, de la copa que falta, del hueco en la vitrina, pero no es más que una forma de arengar a las tropas, las que juegan y las que ven, que esto empieza, que va en serio, vamos chavales. El Real Madrid estrena la temporada en Mónaco ante el Feyenoord y, aunque todo lo que rodea el partido parece un cóctel para lucir bronceado, lo cierto es que estamos ante una competición de verdad, de la que se puede salir cargado de dudas o de razones.
En las razones encontrará Del Bosque su primer dilema. El Real Madrid, que lo tiene todo y repetido, tiene también problemas para encontrar motivos y motivarse; esta enfermedad asalta a los tan grandes que sólo se ven a sí mismos. Pese a los trofeos logrados, no sería bueno que el equipo siguiera sus huellas de la pasada temporada, cuando se proclamó campeón de Europa haciendo una estricta dosificación de su talento.
En este sentido, Ronaldo, su simple nombre, parece tener un efecto refrescante cada vez que se asocia al Real Madrid. El es más que un jugador, es un motivo.
Pero vayamos al partido de hoy. Como sucede casi siempre, en esta ocasión el rival será inferior y por lo tanto jugará en estado de sobreexcitación, en busca de la proeza. Gente nueva sobrada de motivos; y eso hace correr mucho.
Por lo que se refiere a la alineación del Madrid, además de la duda en la portería, que va camino de convertirse en debate nacional y cuyos coletazos no benefician a la estabilidad del equipo, mucho del morbo que ofrece el encuentro se concentra en Morientes y por extensión, en Portillo, que sigue apretando. Del Bosque, de natural conservador, debería perder el rubor al cambio.
Un poco por detrás del nueve, se espera la confirmación de que Figo es otro, de que Zidane es el mismo y Raúl el de siempre. Allí se concentra todo lo mágico que tiene el Real Madrid, que la temporada pasada jugó con un brazo (Figo) atado a la espalda.
Entre las novedades (la única, por cierto) la irrupción de Cambiasso, sangre argentina de la que falta en el Real Madrid: tipos duros y rocosos que se lo toman como un asunto personal (Kily, Ayala... Solari es más místico).
Y por fin, la defensa, el lugar donde se concentran todos los tembleques (salvemos a Helguera), pero cuyos achaques se olvidan cada temporada porque siempre cae una Copa o una Liga y todo termina bien.
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La Supercopa ya no es el último pijotorneo de verano (que lo fue), a pesar del toque festivo, a pesar de Mónaco, del glamour y de los premios a los más aplicados de la clase. Hay riesgos más allá de que el Príncipe Alberto baje a los vestuarios (a saludar): que se pierda la concentración, que se ignore al Feyenoord, que no haya espíritu necesario para afrontar cada pelea como si fuera la última y a la vez la primera.
El Madrid se ha hecho tan grande que se va generando obligaciones inexcusables. Hoy debe ganar. Porque es mejor y porque esta no la tiene. Mónaco es un buen sitio. Hay algo principesco en esto de coleccionar trofeos. Estefanía lo sabe.