Jugamos con la cara bien alta
Ganar por 31 puntos a Canadá en todo un Mundial parece una barbaridad. Canadá siempre ha sonado bien en el baloncesto. Aunque sólo sea por su proximidad con Estados Unidos. Sus universitarios tienen el mismo físico que los estadounidenses, siguen parecidos pasos y Canadá tuvo un equipo en la NBA. O sea, que sí, que Canadá no ganará un Mundial, pero sí que es alguien en el baloncesto. Y vamos nosotros, unos españolitos a los que cualquier mindundi que llegue con un pasaporte comunitario nos quita el sitio en la ACB, y les ganamos de palizón a los canadienses.
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Algo de truco hay. En Canadá no se toman el baloncesto tan en serio como nosotros. La prueba es que no tienen liga profesional, con lo cual los jugadores o dejan el baloncesto a los 23 años o se van donde les quieran. Los mejores, por supuesto, se van a la NBA. Allí hay cuatro, por uno y medio de los nuestros. Pero ninguno de esos cuatro ha querido jugar el Mundial. Para ellos este baloncesto FIBA es de segunda división. Como le ha pasado a la misma selección de Estados Unidos, que presenta esta vez un Dream Team de mentirijillas. Y es que allí nuestro baloncesto importa muy poco.
No hubo más que ver el vacío que presentó el pabellón donde se jugó el partido. Vergüenza daba. Un Mundial que no interesa a la mayoría de los mejores jugadores del mundo y que es incapaz de llegar al 5% del aforo en los partidos que no intervenga el equipo local. Este es el baloncesto FIBA, al que pertenecemos y no por ello dejamos de ir con la cara bien alta. Porque damos lo mejor que tenemos, esté quien esté enfrente. Aunque se nos haya caído Raúl y aunque Gasol juegue aún al tran-tran. Pero es un equipo, el de España, que con gente como la que descubre Imbroda cada día vamos al fin del mundo.
