El rey de la pizarra
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Luis va a entrar en el libro de oro del fútbol español. Cada año que pasa supera una nueva meta, un objetivo casi imposible como entrenador. Pese a sus años, tiene la misma ilusión que un chaval. Ya es el auténtico jefe de todos los récords de los banquillos. Nunca ha decepcionado y lo único que le ha faltado es un historial de títulos más amplios. La explicación, sencilla. Siempre fue fiel a unos colores. Apostó por el Atlético y nunca escuchó los cantos de sirena del Real Madrid. Incluso cuando estuvo mal aconsejado al coquetear con Ramón Mendoza al final comprendió que aquello no podía ser.
Tiene un nuevo reto esta campaña. Colocar el proyecto elaborado por Gil y Futre en las primeras ilusiones y devolver la ilusión al Calderón. Incluso se le tiene que admitir su forma de comportarse. Es cierto que en ocasiones puede parecer que va sobrado, pero es su manera de entender este mundo. Los que le conocemos más de verdad sabemos que es un tipo especial y que merece mucho la pena. El fútbol, la familia y los amigos son sus tres auténticas pasiones. Es tozudo a la hora de defender sus puntos de vista y le falta algo de mano izquierda a la hora de sus manifestaciones. Es cierto que ha creado un club de admiradores, entre los que me incluyó, que le tenemos en un pedestal. No nos importan sus manías. Todos los tenemos. Al final es una persona que nunca falla, ha apostado por los jugadores y ha sido la pesadilla de directivos.
