Superdepor a medio gas
Ayala se autoexpulsó a los tres minutos y liquidó al Valencia | Muchas broncas y gran tensión | Víctor sentenció con su gol al final.
Todo lo tenía a favor el Depor con su superrenta de tres goles, y todo se le puso de cara a los tres minutos cuando a Ayala le dio por hacer una de las suyas, manotear sin venir a cuento a Makaay tras un salto olvidándose de que por ahí estaba Iturralde y sobre todo el gran vigía, Rafa no me jodas, y ya se sabe que cuando Rafa le echa el ojo a una jugada igual castiga a un inocente que pasa por allí o caza al culpable in fraganti...
Habrá quien piense que igual con la amarilla aquí paz y después gloria, pero habrá quien piense (como yo) que el argentino pagó por su tontería y por sus antecedentes. Así que Ayala echó por tierra las esperanzas de abordaje de un Valencia que lo intentó, que le echó casta en busca de un milagro ya imposible, ante un Depor al que algunos volverán a acusar de cobardica y prudente y otros (como yo) esta vez de inteligente al levantar el pie del acelerador y no forzar una segunda humillación futbolística en un Mestalla que vivió noche demasiado caliente con broncas, pleitos y dureza en el césped y a veces en la grada.
Ese lance del argentino destrozó el guión del partido. Porque carga pasional al margen, al fin y al cabo de lo que se trataba era de comprobar si el Valencia sería capaz de darle la vuelta al 3-0 de Riazor que le había dejado tocado el orgullo y hundidas casi todas sus opciones. En casos de emergencia el manual sugiere salida en tromba para cazar el primer gol, y luego insistir con una sabia mezcla de juego sanguíneo y control de la cabeza, un orden desmelenado, un equilibrio difícil de conseguir en situaciones de ansiedad. Todo eso se lo cargó la torpeza de Ayala y la rigidez justiciera de Iturralde y Rafa.
A la inversa (para todo hay antídotos), el Depor iba a recurrir al manual de supervivencia: primero, aguantar la embestida del rival herido; en segundo término, abstraerse de la presión; luego, pasar a unos encuentros en la tercera fase consistentes en controlar el balón y amagar con algún contragolpe, antes de acabar la psicológica tarea de desgaste y demolición rizando el rizo, cazando un gol que enterrara pasión y título. La expulsión de Ayala le dio ese petróleo a la tropa de Irureta.
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Benítez juntó a Baraja con Aimar y abrió las bandas para colgar balones y que Salva, por fin un ariete como Dios manda en el dibujo, tratara de demostrar que los especialistas siempre acuden a la llamada del gol, pero nada, todo se redujo a los escarceos de Vicente, que buscó regates por la izquierda, por en medio y hasta por la derecha, visto que Angulo no estaba anoche para nada.
Incluso optó por Fabio Aurelio en el lateral zurdo, más vertical en sus subidas que el viejo guerrero Carboni... Bien, pero el Depor llegó con la escoba (Naybet atrás y Mauro Silva en medio lo barrieron casi todo), y hasta sin cambiar de marcha ni meter la quinta llegó un par de veces que Cañizares, enorme, resolvió con acierto.
Pleitos y sentencia. Nadie podrá negarle al Valencia voluntad, erre que erre. Benítez metió a Rufete por Marchena (que me sigue pareciendo mejor central que medio centro), pero el Depor es equipo de cuajo, curtido ya en batallas de altura e Irureta anda también alejado del perfil de técnico suicida, que bastante tiene el gran Jabo con haber armado una escuadra de primer nivel europeo. Y si el Depor estaba con el freno de mano, el Valencia acelerado. Hubo más pleitos y sentencia de Víctor, final previsto, un Superdepor a medio gas.