Romario se ha pasado a los ricos
Su fichaje por el Fluminense, el club de la alta sociedad de Río, ha provocado la irritación de la torcida popular de Flamengo y Vasco

"Juego para el pueblo que vive en las favelas", solía proclamar Romario cada vez que contribuía con goles a los éxitos del Vasco de Gama o del Flamengo.
Ahora que juega en el Fluminense, el club de las élites de Río, ya no puede decir lo mismo. Los hinchas del Vasco y los del Flamengo, sus anteriores clubes, se sienten ofendidos por la última traición de Romario, al que no han parado de recordarle la tradición aristocrática de su actual club.
Fundado en 1902 por Richard Cox, un miembro de la alta sociedad de Río, su creación formaba parte del plan urdido por las clases altas para hacer de la ciudad un centro cosmopolita y europeo, dentro de un período denominado la belle epoque.
El fútbol era por entones un deporte de ricos y blancos, y el Fluminense su máximo exponente. Hasta que en 1911, nueve jugadores decidieron irse y establecerse en el Club de Regatas Flamengo. El motín se produjo al no aceptar que el club echara al delantero Borghert para meter a un defensa.
Esa ruptura, que fue comparada como una relación entre un padre y un mal hijo o entre el rico y el pobre, fomentó uno de los derbys que más inquina ha generado entre ambos bandos.
El Fla-Flu se estereotipó como una lucha entre las clases adineradas del lujoso barrio de Laranjeiras y los habitantes de los morros (colinas), donde las favelas se asientan amenazantes para la élite.
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Ahora, Romario golea para el Flu, abre los brazos cuando marca y sonríe una grada cuyos ocupantes tienen poco que ver con los que le vieron nacer en la Vila da Penha.
Los flamenguistas le esperan en Maracaná para el derby del próximo 19 de septiembre y nada les dolería más que, el denominado goleador de los pobres, les hiciera entonar el cántico que corean cuando marca el rival: "Ela, Ela, silencio en la favela".