Homenaje a un mito | La vida de Puskas (1)

Puskas significa escopeta en magiar

El miércoles España y Hungría homenajean a Ferenc Puskas, el mejor goleador de la historia según la Federación Internacional de Estadísticas e Historia del Fútbol. Quizá él haya sido el único futbolista que haya hecho dos carreras en una sola.

Puskas significa escopeta en magiar
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Pum, pum, pum. Un sonido seco y explosivo surgía a diario tras las porterías del estadio del Kispest. El culpable de aquellos ruidos intensos y martilleantes era un niño de siete años, de nombre Ferenc Purczfeld, que asistía a los entrenamientos del equipo local en las tardes plomizas y gélidas de Budapest. En realidad, eran dos los autores de aquellos zambombazos. A su lado, un querubín llamado Ladislao Kubala competía con él. Allí, situados detrás de uno de los arcos, intentaban empalar cada uno de los balones que los jugadores del equipo local tiraban fuera. De ninguna manera debían atraparlos con las manos. En este entretenimiento, quizá se explique la forja de la zurda más precisa y potente que ha parido el fútbol.

Ferenc Purczfeld (Budapest, 2 de abril de 1927) pasó a apellidarse Puskas tras la Segunda Guerra Mundial. El apellido Purczfeld era de origen alemán y tras las atrocidades cometidas por Hitler y el nazismo, en Hungría no era recomendable dejar rastro de tener ascendencia germana. Fue su padre, también jugador del Kispest y luego su propio entrenador en juveniles, el que decidió que la nueva nomenclatura familiar fuera Puskas, que traducido al magiar quiere decir escopeta. Una premonición que se quedó corta, si se tiene en cuenta que la pierna zocata de su hijo se convirtió con el paso de los años en el cañón mejor calibrado de la historia del balompié.

El amo del barrio.

Como sucede con todos los que consiguen que el fútbol alcance su mayor expresión, su grandeza se explica desde una relación casi umbilical con la pelota. Su madre, Margarita Biro, le recordaba desde que tenía un año golpeando una media rellena de papeles. Su hermana Eva, le rememoraba junto a Kubala, comiendo los dos en casa pateando una pelota que colgaban con una red debajo de la mesa. Luego venían los partidos en la calle. Entre la dura realidad de las chatarras y los escombros, Puskas comenzaba a destacar entre la muchachada del barrio de Kispest. Tenía un don natural para el golpeo de la pelota y una inteligencia desmesurada para cruzarse en el camino del gol: "Busco la situación en el campo, y si estoy en un sitio es porque me coloco intencionadamente en él, siempre sabiendo lo que hago, lo que busco...Ante todo al fútbol se juega para meter goles".

Pronto, la jerarquía juvenil y grupal que otorga el fútbol en todos los suburbios se detuvo en aquel zurdo achaparrado. Su ascendencia sobre el resto la mostraba con miradas inquisidoras que mataban al autor de una mala entrega o de un gol fallido. Él mismo también era su propio inquisidor y, cuando los técnicos del Kispest le insinuaron su falta de velocidad , se dedicó a perseguir los tranvías por las calles de Budapest para mejorarla.

El Honved y Wembley 1953.

Su evolución en el Kispest no traicionó a sus cualidades naturales y en 1943, a los dieciséis años, debutó con el primer equipo con derrota (3-0) ante el Nagyvaros. Dos años más tarde, el 20 de agosto de 1945, se ponía por primera vez la camiseta de la selección absoluta de Hungría ante Austria. Salió con el diez a la espalda; le había quitado el dorsal a Zsengeler, su ídolo de la infancia, el mismo que le daría el pase para que marcara su primer gol como internacional. Aquel mismo día ante los austriacos iniciaba la demoledora y espectacular racha que le llevó a marcar ochenta y tres goles en ochenta y cuatro partidos con los magiares.

En octubre de 1949, el Kispest pasó ser el equipo del ejército y se denominó Honved. Desde esa fecha hasta 1956 ganó cinco Ligas junto a los Grosics, Buzanski, su también amigo de la infancia Boszik, Kocsis y Czibor. Por los méritos contraídos con el club, Puskas y algunos de sus compañeros fueron nombrados coroneles. Paralelamente, su leyenda crecía con la camiseta de Hungría. Ganó el oro olímpico en 1952 y el 25 de noviembre de 1953 Inglaterra era derrotada por primera vez en Wembley (3-6). En ese partido el seleccionador húngaro cambió la historia táctica del fútbol al romper la WM y convertirla en la WW, que sería un anticipo del 1-4-2-4, que luego implantaría Brasil en el Mundial del 58. El seleccionador húngaro Gustav Sebes decidió retrasar a los extremos y al delantero centro Hidegkuti para sacar a los centrales ingleses. Los espacios libres los aprovecharan los interiores, Puskas y Kocsis, para adelantarse y fundir a la defensa inglesa. 123.000 espectadores presenciaron el bautizado por la portada del Times como Match of the Century (El partido del siglo).

Ese mismo sistema les llevó hasta la final del Mundial del 54 que perdieron con Alemania (3-2) tras ir ganando por dos tantos a cero, uno de ellos de Puskas. En la primera fase habían pasado a los alemanes por encima (8-3), pero el central Liebrich cazó a Puskas y le dejó muy tocado. El seleccionador alemán prefirió reservar ese día a varios titulares y la abultada victoria generó un clima de confianza en los húngaros que luego acabarían pagando. Puskas ya sólo volvió para jugar la final y se arrepintió. Él mismo reconoció años más tarde que que no debió jugarla: "No debí jugar. La patada que me atizó Liebrich, adrede, era grave. No jugué ante brasileños y uruguayos y los míos ganaron igual. La final, pese a ir por delante, la vi siempre mal. No podía y ellos, que jugaron a tope, ganaron. Debió ser nuestra porque éramos el mejor equipo. Llevábamos nueve años invictos y éramos una máquina de hacer fútbol, pero perdimos el partido bueno. Esa tristeza se irá conmigo a la tumba".

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El exilio.

Desde mayo de 1950 Hungría no había perdido encuentro alguno. Treinta partidos en los que sumó veintisiete victorias y tres empates. Aquella selección liderada por Puskas había hecho historia. Como la Holanda del 74, será recordada siempre por lo que ayudó a agrandar el fútbol sin haberse coronado como campeona del mundo. Puskas siguió cosechando títulos en el Honved y acrecentando su fama. Estaba a punto de culminar la primera de sus carreras. Sus números y sus logros sólo en su etapa húngara valían para firmar cualquier palmarés de prestigio. La entrada de las tropas soviéticas en Hungría en octubre de 1956 le cogió viajando a Bilbao para disputar un partido de Copa de Europa. Los húngaros no aceptaban en toda su extensión las tesis comunistas ni el autoritarismo de Stalin y se levantaron. La ilusa caballería húngara fue aplastada por los tanques soviéticos. Puskas, junto a sus compañeros del Honved se enteró por la radio de todo lo que ocurría y decidió no regresar a su país. Esa decisión constituía el primer paso de lo que sería su segunda carrera. Las autoridades húngaras, bajo control de la URSS, presionaron a la FIFA para que le sancionara por dos años. Exiliado, comenzaría a escribir su etapa más gloriosa cuando el Madrid le llamó.

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