Amistoso | Benfica 2 - Real Madrid 3

Otro Portillazo

El canterano marcó el gol de la victoria de un Madrid entero, con mucha mejor cara l El Benfica apretó, pero se rindió.

<B>DECISIVO</B>. Portillo tuvo temple y decisión en el remate que supuso el tercer gol y la victoria del Madrid en Lisboa.
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Este Madrid es ya un boceto del buen Madrid. En Lisboa llegó la cara buena, la seria, la de un equipo templado, con recursos y poquitas grietas. Aún siendo evidente la falta de rodaje, pudieron confirmarse dos conclusiones vitales: ha vuelto el gol y el esquema para la temporada está definido. Y también se vivió un golpe de aire fresco viendo a Miñambres y Portillo sacando el marcador adelante. Fue un partido de aprobado general y de cielo abierto.

El partido tuvo desde el principio ritmo de competición seria, con equipos bien armados, atmósfera europea y tensión sobre el césped. El Benfica anunció de inmediato su abierta intención de jugar sin concesiones. Con agresividad, presión y ataque a pecho descubierto. El mensaje fue recibido por el Real Madrid muy pronto, pues a los cinco minutos ya sacaba Casillas el primer balón de la red. La noche no se ponía para fiestas ni boberías. O respondía con hombría o se lo comían al Campeón de Europa en el semiderruido Da Luz.

Zahovic marcó con la colaboración del talón de Helguera, que desvió un disparo blandito dejando sentado a Iker. Sirvió este contratiempo para meter guindilla entre las muelas a los blancos y la máquina comenzó a funcionar. Cambiasso creció confirmando su mejoría constante, Makelele impuso jerarquía afilandose los tacos, Guti brilló como enganche y Raúl ejerció de ariete con esa picardía suya que todos conocemos. Lo curioso es que el empate llegó por la vía menos esperada: Figo lanzó un libre directo desde la derecha con rosca a la escuadra izquierda, la contraria, y se comió el balón el titubeante Moreira. El portugués anunciaba una noche brillante.

El Benfica se engatilló con ciertos complejos. Y eso que Zidane no tenía su noche, extrañamente lento con el balón. El Madrid entró en una racha de quince minutos dulces, con chispazos de excelente calidad. La culminó con un gol legal de Guti que el cuasi retirado Melo Pereira quiso anular sin razón alguna. Los blancos sólo sufrían cuando los benfiquistas le metían mucha velocidad al balón, lo que sucedió en una contra que acabó con tiro al poste de Zahovic.

La estabilidad del partido parecía garantizada para el Madrid por el dominio táctico madridista. Cambiasso se erigió en mariscal de campo, apoyado en un Makelele gigante y Figo luciéndose ante sus paisanos. Pero ocurrió el imprevisto cuando Roger lanzó desde la banda y la curva del centro dejó clavado a Casillas, rematando a placer Argel. Gol en el descuento. Gol puñalada.

El marcador no era justo al descanso. Y el Madrid afortunadamente no se vino abajo, sino al contrario, cuando Del Bosque movió banquillo y salieron los suplentes de oro y los Pavones. El ritmo del balón fue vivo siempre, enredando al Benfica con toque y diversidad. De la nada sacó Miñambres el zapatazo del empate, redondeando su gran partido, y la chavalería se fue arriba dando una magnífica impresión. Hay llegada con Solari, hay seriedad con Helguera, mucho mejor que el lentorrón Hierro, y entre todos supieron dar media verónica al Benfica.

La banderilla negra llegó por donde el Madrid más lo necesitaba para tener la conciencia tranquila, con la confirmación de que hay un delantero centro con ganas y futuro. Llegó el Portillazo. Un gol de listo, de temple y calidad para sacar una sonrisa al Madrid en esta pretemporada que venía siendo gris.

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