Más cuidado con los nacionalizados
Glory Alozie pierde un título en los despachos. Será así la única manera de derrotar a una mujer que lleva camino de hacer historia en el atletismo español. Este invierno, en los Europeos indoor de Viena, Glory quedó campeona y España sumó once medallas, que fueron pocas comparadas con las quince de los campeonatos de verano. Vistas así las cosas, la desposesión del título quedará en una anécdota. El equipo superó en Múnich el medallero de Viena y la atleta reeditó en Alemania la victoria en su versión más prestigiosa, los 100 metros vallas en lugar de los 60 a que obliga la pista cubierta.
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La atleta no ha perdido un ápice del prestigio que se ha ganado sobre las pistas. Se limita a competir y a demostrar que es imbatible. Quien queda en mal lugar es la Federación y el país que ha presentado a la atleta en situación irregular. El deporte de alta competición tiene sus reglas y su burocracia. El Villarreal se clasificó para la final de la Intertoto porque el Troyes alineó dos jugadores indebidamente y aquí no se ha escuchado una voz de protesta. Todo lo contrario. Encantados. Pues con Glory debemos admitir que hubo precipitación en inscribirla para los campeonatos indoor y punto.
Lo que preocupa es la reincidencia en problemas con deportistas nacionalizados. Con Cuba estuvimos al borde de una crisis política porque Niurka no pudo competir en los Juegos de Sydney, y con toda la razón si nos atenemos a lo que dice la Carta Olímpica. Con Muehlegg hicimos el ridículo, porque aquí ni nos enteramos de los métodos que utilizaba para ganar, y Glory fue inscrita indebidamente porque aunque adquiriera la nacionalidad española el 7 de julio de 2001, Nigeria aún no había enviado su carta de libertad como atleta cuando compitió en Viena. Esas son las reglas y no las respetamos.
