Legia no, salfumán
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A los veinte minutos me quedé traspuesto. De pronto se me apareció el Papa polaco excomulgando a todos esos del Legia, que en adelante se conocerán como el Salfumán de Varsovia: bien, porque menuda banda. Del otro lado estaba el Ajax Pino, o sea este Barça de madera made in Van Gaal. Ganaron estos con un gol de De Boer, de falta, que festejó Van Gaal histéricamente, y otro de Riquelme, que no mereció de su entrenador ni un puño en alto, cual Pasionaria del banquillo: por su cara, pareció que habían empatado los alienígenas, digo los visitantes. Al final también anotó Cocu ante el portero visitante, al que quizá concedan el título de Catalán del Año. Después de un partido como el de ayer, previa de la Champions contra otras joyas, las del Skonto de Riga, a Van Gaal le trajeron a Rivaldo. Fue hace cinco años. El resumen es que el Barça no ha mejorado nada. Ha empeorado notabilísimamente. Si hubiera sentido del humor en la junta azulgrana, y unos duros en la caja, esta misma tarde llamarían para recuperar a Rivaldo y la alegría.
El fútbol es así de grande. En un equipo pueden jugar Motta, Luis Enrique e incluso Mendieta. Pero no Rivaldo. Y Riquelme, sólo tras el descanso. Es el Imperio de la Libreta, que ha vuelto. Tardaremos en volver al Camp Nou; lo seguiremos por la tele, tumbados, amodorrados como ayer: es un gran antídoto. No debería permitirse que lo llamen también Champions League.