Atletismo | Europeo de Múnich

El efecto Reyes

Reyes Estévez sigue considerándose ganador de la final de los 1.500 metros del Europeo , "porque lo he visto en la toma cenital", dice el atleta, al que se reconoce una calidad natural fuera de lo común

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

El medio y gran fondo español, la envidia de Europa, limita a un lado, según se mira a Soria, con Estévez. Y por los otros tres puntos cardinales, limita con todos los demás, se llamen como se llamen: Penti, Chema Martínez, Marta Domínguez, Berlanas, Ríos, Redolat...

Para su suerte o desgracia, Reyes, un superclase, posee una grandiosa capacidad para generar polémicas o corrientes de opinión. "Si la gente no le creyera capaz de lo mejor, no estaría siempre tan pendiente de él", le soltaba el otro día un periodista a su representante, el incansable Miguel Ángel Mostaza. Este asintió.

Mostaza estaba al borde del patatús porque había constatado que la Federación Española no presentaba reclamación oficial por el polémico segundo puesto de Reyes en la final europea de 1.500: "Si esto le pasa a alguno de los lameculillos que hay en el entorno de la Federación, hubiesen matado por él. Pero como es Reyes...", se lamentaba Mostaza, cuyos lazos familiares con el estado norteamericano de Wisconsin le proporcionan oxígeno y cierta perspectiva.

Pero ya estaba liada con Reyes... una vez más. La descarga de metralla que supuso la exclusión de Estévez de Sydney aún colea. Por más que el presidente Odriozola hable de "normalidad de relaciones", hay pruebas abrumadoras de que eso no es así. "Nunca voy a olvidar esto", dijo Reyes cuando lo de Sydney. Chico coherente, no lo ha olvidado. Y quien no olvida, no perdona...

Reyes genera pasiones, nunca indiferencia: a los periodistas y aficionados se les divide en reyistas y antireyistas. El reyista suele ser mirado como antioficialista, y al antireyista se le considera amigo del presidente y su entorno.

A Reyes se le han buscado presuntos sucesores (Redolat...), como Madrid busca a su torero. "Eres el número uno, Reyes, eres el mejor, tío", le gritaban histéricamente algunos fans españoles en el Olympiastadion como si se tratase del mejor Jesulín de Ubrique.

Eso sólo pasa con Reyes... y con nadie más. Y al brillante Estévez no se le escapa nada: sabe guardar amistades y enemistades, conoce las conexiones de cada uno, a quién debe pegarle el frenazo verbal (al más encopetado) y a quién no. A Reyes se le sueltan los cordones de la zapatilla, como en la recta de la final de Múnich, o le pasa lo increíble, cómo el veto olímpico de Odriozola o esa derrota (?) de Múnich.

"¿Qué me importa el tiempo en Múnich cuando me entreno en Soria?". Esa frase describe muy bien a Reyes... pero no retrata su mirada, profunda, penetrante: la de un hombre inteligente.

Articulado y listo, objeto del deseo (técnico, claro) de los mejores entrenadores españoles. Porque todo el mundo piensa que Reyes, que tiene 3:30.57 en 1.500, vale mucho menos de 3:30... "Yo he ganado la carrera, porque lo he visto en la toma cenital. En la foto interior, el de fuera, Baala, siempre tapa al interior, que soy yo", decía . "Para mí, Reyes es el campeón de Europa", clama Mostaza.

Los demás. Con el resto, pasó lo que tenía que pasar: el diluvio de medallas permitido por la retirada de la alta presión africana en un Europeo. Los africanos de Europa son afrovallecanos (Alberto García), afropalentinos (Marta Domínguez), afrosevillanos (el madridista Pentinel, otro pupilo de Mostaza), afroSanMartín de Valdeglesias (Martín Berlanas), afroVillaviciosa de Odón (Chema Martínez). Hay un afrocatalán: Pepe Ríos, de Premiá de Dalt, que nada tiene que hacer en el Museo étnico de Banyoles.

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¿Qué pasa aquí que enardece tanto a Europa y que pone de tan mala leche a franceses, italianos o ingleses...? "Los entrenadores españoles han aprendido de los sistemas extranjeros y han trabajado bien. A nosotros nos han dejado en la cuneta", reflexiona el fondista italiano Di Napoli. "Es genética", sostiene Chema Martínez. "Profesionalidad", dice Alberto García. "Para ganarme, hay que matarme", sentencia Marta Domínguez. "Si llegamos juntos, de la ría a la recta, el rey soy yo", avisa el feroz competidor disfrazado bajo el juguetón nombre de Penti.

Muy bien: mañana, en Zúrich empieza el circuito de los grandes mitines. Allá van afrovallecanos, afrosevillanos... y los africanos de verdad, las tribus semiselváticas kenianas, husmeando la sangre azul europea: Kosgei, Kamathi, Boit Kipketer... Y Reyes.

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