El mago Blanquer
Los pupilos de Rafael Blanquer se trajeron de Múnich medallas de todos los colores.

En la albufera atlética valenciana de Rafael Blanquer Alcantud, se han alimentado tres de las medallas españolas en Múnich: el oro de Glory Alozie en 100 vallas (y su cuarto puesto en 100 lisos), la plata de David Canal en 400 lisos y el bronce de Yago Lamela en longitud. Más gente de Blanquer se quedó a centímetros del podio: Concha Montaner, cuarta en longitud. Y Niurka Montalvo, la esperanza cubana de otros años, esta vez apenas podía andar: mucho menos batir sobre la lluvia ni buscar una medalla...
¿Qué es y qué hace Rafael Blanquer? ¿Es lo suyo una secta o algo más parecido al grupo de Maurice Greene, Boldon, Drummond, Inger Miller y compañía que el gurú John Smith entrena al sol de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA?
Para el que no lo conozca, Blanquer es un dictador y hombre de genio poco resistible. Iremos dando claves: "Es buen entrenador, pero es aún mejor como persona, que es capaz de dar al atleta todo lo que éste necesita", dice Yago Lamela. "No entro en enjuiciar técnicamente a Blanquer, pero llama la atención la enorme repercusión mediática que en Valencia tiene todo lo que hace y el control que tiene no sólo sobre sus atletas, sino sobre un montón de organismos. Es maravilloso cómo consigue que la Diputación esté siempre detrás del Valencia Terra i Mar", explica Gerardo Cebrián, jefe de la prensa de la Federación Española. "Que cuenten los nulos de sus atletas", sostiene maliciosamente cierto entrenador español, compañero... y rival.
Hombre influyente
Blanquer fue el primer español que saltó más de 8.00 metros (8.01), en 1976, en Vallehermoso... y a punto de cumplir 31 años. Muy atractivo, según las damas, Blanquer se ganaba (bien) la vida con una cadena de peluquerías: aún conserva un espléndido tupé, excepcional para su edad. Con más de 40 años, era capaz de saltar 7.50, una burrada para gente superior a la cuarentena...
...Y cuando las articulaciones dijeron "basta", a finales de los 80, Blanquer era el clásico tipo archiconocido en Valencia y con decenas de contactos: capaz de organizar el Valencia Terra i Mar cuando al Valencia C. F. dejó de interesarle el atletismo y sus gastos lesivos para el fútbol. Le favorecieron el clima y el cosmopolitismo de Valencia tanto como su propia experiencia y relaciones públicas. La historia necesitaría un libro, pero la realidad es que Blanquer dirige ahora, con clásico puño de hierro en guante de seda, a Niurka Montalvo, Alozie, Canal, Lamela, Montaner y otros pupilos de alguna menor cuantía: Venancio José, Norfalia Carabali o la velocista nigeriana Joanne Ekaá. Rafa tiene bastante con sus negocios y sus planes de entrenamiento, por lo que Begoña, su esposa, ejerce de brazo derecho en el control del Valencia Terra i Mar: les alegra la vida una pequeña diablilla rubia llamada Marieta.
Todo bajo control
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La actividad de Blanquer es infatigable: conduce un Mercedes muy bien ganado. En 2001, fue al Mundial de Edmonton en plena incubación de un virus que le produjo fiebres altísimas y le terminó afectando la vista y los pulmones. Necesitó meses para recuperarse. Pero tiene su recompensa: ahora es, ahí en sus pistas azules del Turia, el amo del atletismo español, tanto como el maestro Manuel Pascua lo fuese en los 80 en el INEF madrileño. Rafa ha conseguido controlar el desorden de Canal, que ya no osa llevarse una caja de Donuts a la cámara de llamadas. Lamela mataría por él, que le ha devuelto crédito y respeto: ahí estaba Rafa en el Olympiastadion, chorreando, enrejado a pie de pista y empapado, cuando Yago peleaba por las medallas. Niurka no quería ni oir hablar de seguir en La Línea con su ex esposo, José Sanleandro, y sólo pensaba en volver a Valencia, lo mismo que Glory Alozie cuando sufrió su tragedia personal en Sydney.
Blanquer los gobierna con médico endocrinólogo, restaurante y fisioterapeuta a sueldo del club y con una sensación de control suave que, como Lamela reconoce, da la impresión de "mirar sin estar mirando". Tolera que cada uno haga lo que quiera con su vida privada, como en el idilio entre Montaner y Venancio José, pero es intratable cuando alguien se entromete en su trabajo, como el ex marido de Niurka. Ahora, Alozie y Montalvo, ya fuera del paseo de Pechina, son vecinas en el mismo edificio, sendos pisos nuevos que se compraron a metros de las pistas del Turia. Niurka y Glory sólo quieren estar cerca del hombre que procura que no les falte de nada: el mago Blanquer.