Atletismo | Europeo de Múnich

Enzimas y medallas

Cualquiera puede pensar que el aluvión de medallas españolas en el Olympiastadion de Múnich tiene su secreto peor guardado en la ausencia de las grandes figuras de Estados Unidos y África. El Europeo registró un nivel altísimo: no de Juegos Olímpicos, pero en algunas pruebas... pasen y vean.

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Mira qué semifinal: a ver por dónde nos escapamos. Coger medalla aquí es como ganarle al Madrid la final de la Copa de Europa. ¿Esto no se puede cambiar?".

En route hacia Múnich, la medalla del sevillano Antonio Reina en 800 metros no parecía imposible. Pero en las gradas del Olympiastadion, Manuel Alcaide, entrenador de Reina, no hacía sino dar vueltas al terrorífico cartel de la semifinal de su pupilo: Wilson Kipketer, el suizo André Bucher, el alemán Herms...

Reina, bronce bajo techo en Viena, en marzo, no superó esa feroz semifinal: sencillamente, las piernas, supermachacadas, fibrosas, del sevillano de Osuna, no pudieron aguantar el ritmo y los tirones de la jauría de lobos. Pero en la otra semifinal estaban Nils Schumann, ídolo de Alemania, y el polaco Czaplewski, campeón en la pista cubierta...

Kipketer dominó la final y Bücher, con el que casi nadie contaba por una lesión, embauló la plata pese a la tormenta de clamores que arropaba a Schumann.

El alemán dedicó el bronce a su novia, la saltadora mulata Adewu Mensah, suspendida por dopaje con el anabolizante Oxandrolona: "Esto es para Adewu, a la que adoro. Corro por ella. Ánimo, estoy contigo".

Kipketer, Bücher, Schumann, el podio del Olympiastadion, son los amos mundiales de la doble vuelta a la pista: kenianos, argelinos o marroquíes no pueden con ellos. Así cayó Reina. Y ése era el nivel del atletismo que Europa enseñó en Múnich.

Africanos

Está demostrado científicamente que los atletas de África Central entran en el umbral de la fatiga muscular después que los blancos por ciertas enzimas que les llegan por herencia y que ellos cultivan con sus entrenamientos naturales. Pero, con metodología y dedicación, ciertos europeos, singularmente los españoles, se acercan a ese reto: batir a los africanos.

De momento, el equipo francés de fondistas combina en sus filas una mezcla argelino-marroquí. Pero Baala ganó a Reyes Estévez por puro milagro. Alberto García —cuarto en el Mundial de Edmonton, ojo— y Pentinel sometieron a los franceses magrebíes: Sghyr, Tahri. Y Chema Martínez y Pepe Ríos, a toda Europa, con la cuña de Baumann. Berlanas fue bronce en los 3.000 obstáculos, tras Pentinel, Vrömen —plusmarquista europeo— y merced a una recuperación prodigiosa. En marcha, Paquillo y Korzeniowski son los reyes de Europa y del mundo.

¿Qué valor real tienen todas esas medallas? el de una competición de una fortaleza suprema, quizá a uno o dos puntos de unos Juegos Olímpicos... y más cerca de un Mundial, que motiva menos a los perros cazadores del Rift, Etiopía o Eldoret.

Premundial

El Europeo fue como un Premundial. Mario Pestano fue cuarto en disco... tras los tres mejores del mundo, Fazekas, Aleknas y Möllenbeck. Aquí, americanos y africanos no existen. En peso sí hubieran contado Godina y Nelson. Incluso en velocidad, Chambers y Kenteris despacharon los 100 y 200 metros con sendos récords de los campeonatos, 9.96 y 19.85. Firmados en condiciones adversas, esas marcas valen menos. Ingo Schultz fue campeón de Europa de 400... al año de ser plata en los Mundiales.

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Ninguna mujer querría entrar en una final con la irlandesa Sonia O’Sullivan y la campeona mundial, la rusa Yegorova, Miss EPO: Paula Radcliffe renunció a la final de 5.000 para no perder el rango ganado en los diez kilómetros. O’Sullivan, que le quitó el novio (Nick Bideau) y media vida a Cathy Freeman, no pudo arrancar el oro de los pies y las agallas de... Marta Domínguez, que pasó a la irlandesa tras dejar a Zadorozhnaya... y Yegorova. Un lujo.

¿Todo hubiera sido mejor con africanos y americanos? Posible, ma non troppo. Y España hubiera enchufado más medallas —Martínez, seguro, Lamela, Montaner, los maratonianos...— sin haberse metido en una semana muniquesa de agua, frío y viento. Si los africanos tienen las enzimas, nosotros, las medallas: pero había que verle la cara al pobre Alcaide cuando releía el sorteo de aquella terrible semifinal...

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