Europeo de Múnich | 5.000 metros

Broche de oro

España ha conseguido quince metales en el Europeo de Múnich.

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

La última jornada nos deparó tres metales más: el oro de Alberto García (5.000) y los bronces de Julio Rey (maratón) y Yago Lamela (longitud). Así, el atletismo español sumó el mayor número de medallas jamás ganadas en una competición. Con 15 (seis de oro, tres de plata y seis de bronce), España se situó tercera en el medallero general y en hombres fue segunda, sólo superada por Gran Bretaña.

Alberto García, el diminuto afrovallecano de los pies ligeros, noqueó a ese confuso equipo nacional de Marruecos que son los fondistas franceses. Es que la selección nacional de Francia limita con el Caribe en lo que toca a velocidad, con Argelia en el asunto de los mediofondistas y con Marruecos en el tema de las distancias largas.

Así que los franceses El Hassan Lahssini y, sobre todo, Ismail Sghyr se presentaban como las grandes amenazas para García. Europeos-europeos andaban por allí el ucranio Lebid o el holandés Maasse. Porque lo que los franco-marroquíes no sabían es que se enfrentaban a un africano... de Vallecas. Sin querer ni acordarse de que su padre estaba ingresado en el hospital madrileño Gregorio Marañón, Alberto plastificó a los franceses y se hizo el amo de la pista, con la mirada perdida entre la lluvia fina de Múnich.

Se tomó la revancha. Pero esa mirada era la del cuarto clasificado en los Mundiales de Edmonton del pasado año tras la horda africana de Eldoret. La de un hombre, Alberto, que ha sacrificado demasiadas horas de su vida haciendo kilómetros y kilómetros en la madrileña Casa de Campo y enclaustrado en la residencia Joaquín Blume como para permitir que unos marroquíes recriados en Francia, un ucranio o un holandés hicieran trizas sus ilusiones y las de su esposa, Elena, llegada expresamente desde Londres...

Lahssini dio tiempo en el paso por los 3.000 metros (8:24.45) tras algunos tirones iniciales de Jesús España, que sacudieron al excesivo grupo de 24 finalistas. Relevándose, Lahssini y Sghyr intentaban alterar la entereza de Alberto, pero la nuez que cayó bajo la lluvia fue la de Lahssini, que se retiró en los 3.500 metros, echándose mano a la ingle izquierda. Las liebres nacionalizadas del Magreb dejaban a partir de entonces paso a las balas rojas del Valle del Kas y otros grandes suburbios.

En la última vuelta, Roberto García, que había aguantado junto a Alberto, Lebid, Maasse y Sghyr, aceleró desesperadamente a falta de 400 metros "porque nadie lo hacía", según confesó el propio Robert. Pero, a 250 metros, Alberto García atravesó la lluvia como un puñal. O como los policías kenianos de Eldoret.

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Hubiera hecho falta una marcha verde marroquí en toda regla para sujetar el tirón del afrovallecano, que entró como una bala en la meta (en alemán, ziel), cielo, del Olympiastadion, con Roberto García en una formidable cuarta plaza que pudo ser bronce si Lebid no llega a aguantar sobre los charcos de la recta.

Y de allí, Alberto se fue al podio. Y de allí, a la Blume: a entrenarse para estar listo para la Weltklasse de Zúrich. Ya verán los de Kenya cómo el de Vallecas les pide el pasaporte...

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