Lecciones de casta en Múnich
Estamos asistiendo en Múnich a una de las mayores exhibiciones de casta que se recuerdan en el deporte español. De otra manera no sería posible emocionarnos e identificarnos de la manera con que lo estamos haciendo con nuestros atletas. La victorias ayer de Penti y de Marta Domínguez rescataron los viejos valores de la raza, momentos en los que uno es capaz de dejarse la vida antes que claudicar. No hay dinero para soportar esos segundos de agonía, sino que es algo superior lo que empuja al atleta hacia la meta cuando físicamente ya dio cuanto llevaba dentro.
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El atleta español se ha vuelto competitivo, lo que le ha convertido en un rival terrible. No teníamos más que ver ayer a Vroemen, al que le faltaba tiempo para mirar a su derecha y a su izquierda, porque por ambos lados le venían dos demonios. Todo es consecuencia de un efecto dominó, como ocurrió en los Juegos de Barcelona. Un día, uno saca la medalla; al otro, otro. Llega un momento en el que nadie quiere ser menos que el compañero. Y entonces se deja hasta el alma. Si las condiciones físicas acompañan y se ha trabajado duro en los entrenamientos, el resultado no puede ser más que la victoria.
Van cinco y todas ellas ante rivales colosales. Penti ganó ayer al recordman de Europa; Marta, a la subcampeona olímpica y a la del mundo; Glory, a la legión de vallistas del Este que hasta hace unos años batían récords un día sí y otro también; Chema Martínez, a un campeón olímpico del 92, y Paquillo, a sí mismo, que por algo es el recordman mundial. Medallas de oro de ley, que vienen acompañadas de tres de plata y cuatro de bronce. Y la cuenta no ha acabado. Media docena de españoles no quieren ser hoy menos. Ya no es que se conformen con el podio, sino que sólo les vale la victoria. Es la apoteosis.
