Glory Day
La nigeriana nacionalizada eleva a nueve la cosecha de medallas.


Esta medalla de oro se la dedico a Dios y a Jesucristo, por lo buenos que son y la fuerza que me han dado. También se la dedico a los valencianos. Y de mi novio muerto, Hyginus Anaio, ahora ya no puedo decir nada. He olvidado la pena. Nos veremos en el cielo, Anaio". El Glory Day, el nuevo día de gloria del atletismo español, ahora gracias a una diminuta pantera nigeriana, se cerraba con estas sentidas dedicatorias de Glory Alozie: evidentemente, si hay Dios en el cielo, Glory merece muchos premios...
Nueve medallas en alta competición: ese es el premio en el que el cielo, sin duda, ha tasado las plegarias evangélicas de Alozie, la bala de cañon que Rafael Blanquer calibra minuciosamente en Valencia. Esta de Múnich es la novena de Glory... y de la selección española, que amenaza con romper récords. Y esta vez, desde luego, Dios y todas las potencias celestiales sí estuvieron con Glory, no como en la atea, lluviosa tarde de la final de 100 metros lisos...
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Las vallas, a las que Alozie llega velocísima gracias a una dinamización estupenda y a un tobillo felino, son la especialidad de este bólido nacido en Nigeria que Blanquer viene esculpiendo en la vecindad de Niurka Montalvo y David Canal. En semifinales, Glory (con algunos problemas intestinales desde el mediodía) ya tuvo la suerte de que su enemiga más considerable, la francesa Girard, se lesionara en el pie: Girard salió en la final por simple vergüenza torera.
Perdonó la lluvia. Y esta vez, además de la lesión de Girard, la lluvia sólo se descolgó con gotitas de nada sobre el clamor del Olympiastadion. "Temía que un chaparrón me contracturase, como en los 100 metros", dijo Glory. No iba a ocurrir. Con Girard tocada en el tendón, la ucrania Olena Kasovska, un monumento sexy parecido a Kournikova, fue la única que vio un poco de cerca a la panterita elástica y musculosa que se entrena en las pistas azules del Turia.
Y Alozie ganó facilísimo: 12.73, contra 12.88 de Kasovska (...), a la que se mataban por entrevistar los periodistas de Ucrania y, curiosamente, algunos infieles de España, mientras Glory proclamaba su fe en Dios y, por supuesto, en su nueva patria. No se parece a Muehlegg, ni tampoco a Kasovska, por suerte o por desgracia. Así fue un nuevo Glory Day.