Gigante Zidane
En el empate a cero con el Roma, el francés dejó huella de clase y un gran fútbol que puso en pie al público de Nueva York

Zidane levantó la fiesta en Nueva Jersey. El francés estuvo de crack mundial en el partido de la ONU. Sentó cátedra y dejó constancia de que el Madrid es un equipo de élite, con futbolistas de categoría especial. El partido contra el Roma acabó sin goles, dejando una sensación de obra incompleta, pero la huella larga y elegante de Zizou quedará grabada sobre la hierba del estadio de los Giants, abarrotado con setenta mil aficionados entusiasmados.
El empate a cero certificó sobre todo muchas cosas, ya conocidas en el Madrid de pretemporada. Las más inmediatas se refieren a la madurez de Casillas, la armonía de Zidane y Makelele en la medular, el equilibrado sistema defensivo con Helguera y, la mala noticia, la escasa pegada que sigue mostrando el equipo cuando Morientes no encuentra su zona de dominio en el área. Jugó también Portillo y se dejó el pellejo, pero al chaval le faltó y le falta siempre cierto aplomo para no precipitar algunas de sus acciones. Madurará.
La Roma de Capello no se tomó el encuentro como un amistoso. No existen los amistosos para los italianos. Y por eso respondió con mucha agresividad cuando en el primer cuarto de hora ciertos jugadores blancos quisieron dedicar al público algunos taconcitos, pisando balón y toreando en corto. Panucci sacó la escoba para azotar a Solari, Emerson intentó poner grilletes a Zidane con ciertas brusquedades y Lima se subió a la espalda de Figo amargándole la noche. Pero el Real Madrid consiguió durante media hora el propósito de justificar su condición de campeón de Europa y a buena fe que lo consiguió.
Pero aún estamos en agosto y a la locomotora le falta aire. Por eso los romanos encontraron por fin a Guardiola, el hombre fuerte en el eje mientras Totti esté roto, y su coordinación con un excelente Cassano puso en aprietos a la defensa madridista. La balanza se equilibró y de nuevo apareció Casillas para solucionar tres lances de gol claros. En uno de ellos cometió un penalti claro sobre el propio Cassano, pero el mal árbitro americano quiso ser más diplomático que el propio Kofi Annan.
Al descanso se llegó con una igualdad que se prolongaría durante buena parte de la segunda mitad, hasta que el carrusel de sustituciones desfiguró el partido. Pero aún hubo tiempo para que Zidane caracoleara levantando al público de sus asientos, o para ver a Roberto Carlos tremendamente generoso en el esfuerzo. Cambiasso también fue creciendo para ganar puntos en su carrera por la titularidad indiscutible. El Roma plantó batalla hasta el final, pero le ocurre algo similar al Madrid en cuanto a esa falta de electricidad en el área, una virtud propia de jugadores mágicos como Ronaldo, a quien más de uno soñaba viéndole sobre el campo vestido de blanco.
Zizou, el regreso de El Maestro
Zidane ha comenzado la temporada en plenitud de facultades. Desplegó sobre el campo de los Giants toda su magia: taconazos al primer toque, controles orientados, pases en largo y paredes medidas... Todo un lujo. Volvió loco al centro del campo romano. Zidane, contra todos, salió victorioso con un estilo imperial.
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