Glory es española
Muchos me comentaban ayer con cierta sorna: "¿Qué, Glory española, no?" Pues sí, española a todos los efectos y a mucha honra. No es el caso de Niurka Montalvo, a quien se nacionalizó deprisa y corriendo en el plazo récord de un mes para que pudiera competir en los Mundiales de Sevilla-99. Con Glory no ha habido tanto descaro y su proceso de nacionalización se resolvió en un año, después de que llevara cinco de residencia en España, la mitad de lo que se le hubiera exigido a cualquier otro ciudadano de Nigeria. Hubo un trato de favor, pero eso es lo menos importante para valorar su caso.
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Glory llegó a España en 1997, con 19 años, porque no quería seguir en Nigeria. Era un diamante en bruto, pues el año anterior había sido subcampeona mundial júnior. Se fue a Valencia y allí encontró cuanto no tenía en su país: un club, unas instalaciones, un instituto de biomecánica y un excelente entrenador, Blanquer. Dos años después, su país le reclamó para los Mundiales y fue subcampeona; al siguiente le reclamó para los Juegos Olímpicos y fue subcampeona. Nigeria ganaba medallas con una atleta que se formaba aquí. Hasta que Glory decidió devolver a España todo lo que le daba.
Al regreso de los Juegos solicitó el pasaporte español. Y ahora comienza a ganar medallas para su nuevo país. Nigeria le dio los genes y España, los medios. La combinación es explosiva y nos tenemos que sentir orgullosos. Como ha sucedido con los éxitos de Niurka Montalvo, aunque ella se quedara en España con 29 años y siendo ya subcampeona del mundo. Pero fue entonces cuando empezó a saltar más que nunca: ganó el título mundial y realizó 19 de sus 22 mejores marcas. Y es que España, por su clima, por su carácter, y, desde el 92, por sus medios reúne condiciones como pocos para formar campeones.
