Cuando se es bueno, la suerte no existe
Miren el medallero masculino de los campeonatos que aparece en la página 23. España, a la cabeza. Y ya van tres jornadas, o sea que tal clasificación no es producto de haber tenido la suerte de que en un día se hubieran disputado todas las pruebas que nos son más favorables. Van medallas en 400, 1.500, 10.000 y marcha. Siete en total y alguna más tendrá que caer pues faltan los 5.000, los obstáculos, la longitud y la maratón. Como salgan todas, ese primer puesto va a costar que nos lo quiten, y eso compitiendo en casa de nada menos que los colosos alemanes y ante los poderosísimos británicos.
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Y en el medallero general, terceros, que las chicas también han empezado a sumar. Ayer inició la cuenta Mayte Martínez y la tienen que proseguir Glory Alozie, Natalia Rodríguez, Marta Domínguez y no descarten a alguna más. Cuando las cosas salen bien porque hay tanto y tan bueno, no hay necesidad de apelar a la mala suerte para excusar nada, como sucedió en los Juegos de Sydney. Allí lamentamos los cuartos puestos y aquí ya ni nos acordamos de que Glory y Concha Montaner fueron cuartas. Ni tampoco de que a Manolo Martínez se le escapó la medalla más segura de su vida.
Es como el oro que se le fue a Reyes por dos milésimas, una diferencia que es imposible de apreciar. Una pena. El Reyes de hace tres años hubiera enseñado el dorsal a Baala en cuanto le diera la gana. Reyes, con 22 y 23 años, corría en 3:30 minutos. Ahora recién cumplidos los 26, en 3:35. Y eso se nota. Se nota en que cuando ataca no mata. A base de trabajo y casta, es capaz de luchar por la victoria hasta el último aliento. Pero un atleta de sus condiciones no tendría que sufrir estos atragantones y, menos aún, disgustos como el de ayer. Sólo tiene que despertar de su letargo la enorme calidad que atesora.
