El día más amargo de Manolo Martínez
Un resbalón en el tercer lanzamiento y el mal tiempo dieron al traste con sus esperanzas de lograr medalla.


La tempestad del Olympiastadion descargó kriptonita sobre los musculazos de Manuel Superman Martínez, que perdió la medalla de bronce y el cuarto puesto en las dos últimas tandas de lanzamientos, ya en plena mejora.
Ante 29.000 espectadores, refugiados en cada esquina del estadio, Martínez fue claramente de más a menos, especialmente después de su tercer intento, primer nulo, en el que mandó el peso a más de 21 metros... y su cuerpo a la hierba de la colina olímpica.
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Los lanzadores gigantes fueron rebajando su intensidad al mismo ritmo que se agigantaban las zancadas de Paula Radcliffe. Arreciaba la tormenta sobre el Olympiastadion cuando el ucranio Yuri Bilonog, con 20.98, sobrepasó a Martínez (20.45) al final de la primera ronda. Minutos después, Radcliffe ya volaba cuando Joachim Olsen (21.16) y el propio Bilonog (21.37) dejaban a Martínez abocado al bronce. Y entonces...
Entonces, Superman lanzó la bola de acero de más de siete kilos más allá de la cinta de 21 metros, pero, en un foso escurridizo, semejante explosión de fuerza dinámica no se pudo sujetar al control de otras ocasiones: los 140 kilos y ¿miles? de vatios de Martínez rodaron entre el tartán, la hierba y la lluvia sesgada. La misión de Martínez era una cuenta atrás contra el control, la angustia y la tempestad. Pero así y todo, el alemán Ralf Bartels limpió el bronce a Martínez en el quinto lanzamiento: 20.58. Y en el sexto, último, el finlandés Harju hacía cuarto con 20.47. Martínez acabó quinto. Como en otras épocas, esta Armada no se hizo para luchar contra los elementos.