Cruza el charco y se confirma en el PSV

Con 17 años demostró al mundo entero de lo que era capaz en el Cruzeiro. Allí batió todos los registros goleadores. Eso le sirvió para como trampolín hacia Europa. Recaló en el PSV justo después de haberse proclamado Campeón del Mundo en Estados Unidos.
Ronaldo llegó al Cruzeiro de la mano de Jairzinho. El presidente del club, Cesar Masci, pagó poco más de 50.000 euros por el 55 por ciento de los derechos del jugador. Quizá un síntoma de que la confianza no era absoluta a pesar de lo demostrado en el San Cristovao. Nada más llegar al Cruzeiro y antes de debutar le llegó su primera llamada a la selección sub-17 para el sudamericano de Colombia en 1993. Brasil terminó cuarta detrás de Colombia, Chile y Argentina, pero el nivel de Ronaldo eclipsó todo.
Un delantero deslumbrante, goleador del campeonato con ocho tantos junto al chileno Neira, elegido en el equipo ideal y votado por los periodistas como el mejor del torneo. Quizá ese día empezó su fama a traspasar las fronteras de Brasil. Tres meses más tarde debutó en el Cruzeiro ante el Caldense, el 5 de mayo de 1993. En su primera temporada en serio, se llevó el trofeo al mejor delantero centro, al jugador más valioso y a la mayor revelación. Y por supuesto el Cruzeiro ganó el torneo Mineiro. En la Supercopa de Sudamérica destrozó a sus rivales. Cinco goles al Colo Colo chileno y tres más ante el Nacional de Montevideo. La potencia en la arrancada y el remate frío ante el portero de Nacional Jorge Seré pasaron ya a la historia de un torneo nuevo como la Supercopa.
Con 17, en la absoluta.
Se habían frotado las manos con él Joao Carlos Pinheiro y Carlos Alberto Silva, los dos técnicos con los que trabajó en el Cruzeiro. Aún se habla en Belo Horizonte de los cuatro goles que le hizo al Flamengo en un amistoso. Desde entonces quedó claro que para Ronaldo los sentimentalismos quedaban a un lado. Y con 17 años debutó en la selección absoluta. Carlos Alberto Parreira le convocó para un amistoso en Recife ante Argentina el 23 de marzo de 1994. Salió por Bebeto los diez últimos minutos, y tocó su primer balón pegado a la banda izquierda tras un pase de Leonardo. En el segundo hizo una arrancada de las suyas desde el centro del campo para encontrarse con Rivaldo. Nadie se daba cuenta entonces, pero asistíamos a un momento decisivo para el futuro del fútbol brasileño. Apareció pocas veces más en un partido que Brasil ganó 2-0, y Parreira le convocó una y otra vez. Titular ante Islandia con un gol incluido, el primero con la selección. Acudió al mundial de Estados Unidos aunque no jugó ni un minuto, y a sus 17 años asistió desde el banquillo al tetracampeonato.
Si Zagallo había sido criticado en el mundial 74 por no llevar a Zico con 17 años, Parreira no quiso arriesgarse a algo similar. No jugó (lo hicieron Bebeto y Romario) pero como Pelé, ganó un mundial con 17 años. Y Ronaldo siempre lo recuerda como un momento glorioso.
LLega a Europa.
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Su etapa en el Cruzeiro terminaba y recibió ofertas de Europa. Una suculenta del Ajax y alguna de Italia. Eligió el PSV Eindhoven, por varias razones. Necesitaba una liga cómoda para adaptarse al fútbol europeo. Además, Romario había pasado grandes momentos en el PSV y no dudó en recomendarle a los dirigentes holandeses. El PSV pagó por el astro siete millones de euros, y Ronaldo se instaló en la industrial Eindhoven junto a su madre, su hermano y su novia Naida. Luego la dejaría por Anja, una holandesa hija de un dirigente del PSV. Arrancó como un meteoro imparable. Siete goles en sus cinco primeros partidos de liga, treinta goles en treinta y dos partidos al final de su primera temporada.
Centrado en Holanda donde no paraba de asombrar a todos, se perdió con la selección algunos torneos en los que hubiese brillado como el mundial juvenil de Qatar en 1995. Incluso en la Copa América de Uruguay fue suplente, quizá porque su nivel en Holanda no se seguía en Brasil. La temporada 95/96 fue su segunda y última en el PSV. Ya empezó a darle problemas la rodilla derecha, fue operado y solo pudo jugar trece partidos. En ellos marcó doce goles que le mantuvieron arriba. Había llegado el momento de dejar atrás los débiles defensores rivales del fútbol holandés. 55 goles en 56 partidos en dos temporadas dejan claro que Ronaldo necesitaba más. Y llegó el Barcelona, que le fichó en plenos juegos olímpicos de Atlanta.