"La realidad superó a los mejores sueños"
Javier Gómez Navarro era Secretario de Estado para el Deporte y presidente del Consejo Superior de Deportes en 1992. Junto a Ferrer Salat fue el impulsor del programa ADO (Ayuda al Deporte Olímpico), que fue clave en el éxito de aquellos Juegos y en la proyección de todo el deporte español. Actualmente dirige una empresa de consultoría turística que asesora a Comunidades y Gobiernos sobre la explotación de sus parajes naturales.
Estábamos en la undécima jornada de los Juegos y España llevaba otras tantas medallas, diez de oro y una de plata. ¿Qué recuerda de aquel día?
Diez años después los recuerdos se agolpan y no se diferencian por días. Pero sí se me viene claramente a la memoria el ambiente de euforia que vivíamos ya en esos momentos. El día que no había medalla, había posibilidad de ganarla. Te cruzabas con los atletas españoles y te abrazaban. Fueron días mágicos, irrepetibles. Los más felices de mi vida.
¿Hay algún momento en especial que no se le borrará nunca?
Muchos. Trabajamos muy fuerte durante seis años y apostamos fuerte por los resultados. Teníamos que borrar el mal sabor que dejó diez años antes el Mundial de Fútbol, que fue decepcionante para el país. Debíamos demostrar que los españoles podemos hacer tan bien las cosas como cualquiera. Era muy importante empezar bien y la ceremonia de inauguración fue un éxito rotundo. Pero si me pregunta por el momento más emotivo, yo viví muy intensamente la medalla de oro del equipo de tiro con arco. Meses antes el presidente de la esta federación vino a verme totalmente abatido porque este equipo no había logrado los resultados exigidos para entrar en el programa ADO. Me explicó los problemas que les impidieron obtener mejores logros y yo le creí y aposté por ellos. El día que ganaron vinieron a abrazarse a mí llorando y yo me sentí copartícipe de su éxito más que con ningún otro.
¿Calculó en algún momento que los resultados de esos Juegos pudieran ser tan impresionantes?
Desde luego que no. La realidad superó nuestros mejores sueños. Fue como el cuento de la lechera, pero con final feliz. Nos salía todo bien. En nuestros cálculos más optimistas pensamos que podríamos llegar a quince medallas y sacamos veintidós, de ellas, trece de oro. Con ese triunfo de Cacho en la final de los 1.500 metros como colofón. No, no podíamos imaginar todo esto.
¿Dónde cree usted que estuvo la clave?
Hubo una superación prácticamente global de todos nuestros deportistas, que dieron lo mejor de sí crecidos por el ambiente de éxito y el empuje del público. Pienso que el momento clave fue la primera medalla que logró el ciclista José Manuel Moreno en la prueba del kilómetro. Era nuestra primera posibilidad y logró el oro. Esto animó mucho a todos. Si éste puede, yo también, debieron pensar nuestros atletas. Creo que al deportista español le había faltado hasta entonces ese espíritu de competitividad que encontró en Barcelona 92.
Y que parece que ha vuelto a perder, si miramos que en los Juegos de Atlanta bajamos a diecisiete medallas y a once en los de Sydney.
Hay que tener en cuenta que siempre hay un gran porcentaje de mejora cuando los Juegos se disputan en tu país. Pero sí es cierto que la ilusión y el programa que se puso en esos Juegos no se ha reactivado. Se han mantenido los elementos básicos del programa, lo cual está bien, pero no se han atrevido a dar un paso más para tratar de adaptarlo a los nuevos tiempos del deporte.
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Es decir, que el programa ADO se ha quedado anticuado.
Hay que adaptarlo a las nuevas realidades. Habría que reactivarlo con nuevas ideas que generaran mayores ilusiones tanto a los patrocinadores particulares como a los deportistas. Contratar entrenadores que nos pudieran aportar mejoras a largo plazo con sus sistemas.
