Un currante de lujo
Personifica el trabajo y el sacrificio en el centro del campo. Desde que comenzó en el Olympique de Marsella hasta su llegada a Italia, siempre ha destacado por su labor incansable.


El Espanyol tiene un campeón del mundo. Tan real como que Alain Boghossian jugó los últimos cuarenta minutos de la final de Saint Denis ante Brasil en 1998. Francia ganaba 2-0, y salió por Karembeu para aguantar junto a Petit y Deschamps las embestidas brasileñas. Hizo lo que mejor sabe en una final de Copa del Mundo, que no es poco. Potente, trabajador incansable, se multiplicó y tapó todos los huecos posibles. No llegó al ataque porque el partido estaba para defender, pero en toda su carrera ya demostró que lo sabe hacer. Buen cabeceador por su envergadura, como ya demostró en uno de sus primeros partidos con el Marsella ante el Sochaux. Lo haría muchas veces más, hasta firmar una media de cuatro goles por temporada. No está mal para un centrocampista de choque. Ese es el tipo de jugador que ha firmado el Espanyol, que seguro le utilizará para tapar agujeros más de una vez. Experiencia no le falta, tanto en el Olimpique de Marsella como en Nápoles, Sampdoria y Parma. En el duro fútbol italiano se sentía en su salsa, la verdad.
Sin vacaciones. Está a punto de entrar en la cuesta debajo de su carrera, también es cierto. Pero Alain Boghossian es aún un futbolista muy aprovechable, y ha demostrado muchas veces ser un gran profesional. Se perdió las vacaciones enteras en 1994 para recuperarse de una lesión en la rodilla. Aquel choque con Silenzi en un Nápoles-Torino le pudo costar caro, pero se repuso. No puede jugar cerca de una banda porque no es un hombre rápido. Un repaso a su trayectoria lo demuestra.
Noticias relacionadas
Desde que Henri Stambouli le descubrió y le llevó a los juveniles del Marsella hasta su cesión al Istres pasó una época de aprendizaje. Intentó ser un diez, pero muy pronto notó que la faltaba velocidad y dio un paso atrás. Un acierto, porque con el dos a la espalda, como medio defensivo y al lado de Deschamps le llegó su debut en el Marsella. Su buena temporada en el Istres y su gran Mundial para militares con la selección francesa permitieron su ascenso. En aquel torneo, Francia perdió ante Marruecos en semifinales pero Boghossian fue la figura. En el Marsella nadie le quitó el puesto, aunque se tambaleó en algunos partidos en que le probaron de lateral derecho. Su marcha al Nápoles fue producto de la crisis financiera que empezaba a asolar al Marsella de Tapie. Se adaptó bien al calcio, no hay duda. En un repaso a sus primeros partidos en el Nápoles vemos un Boghossian como eje del mediocentro. Todo el trabajo para él, en definitiva. Tras la lesión de rodilla y su difícil recuperación, Boskov le defendió y le dio un puesto indiscutible en el centro del campo. Son los mejores momentos de su carrera, e incluso en el Nápoles llegó a acariciar la Copa de Italia, perdida ante el Vicenza.
Se había propuesto alcanzar la selección francesa, y lo conseguiría el once de octubre de 1997 en Lens ante Sudáfrica. Salió por la lesión de Petit a la media hora para jugar de mediocentro, su puesto natural. Importante insistir en esto porque para eso le quiere el Espanyol, e incluso, con los años ha perdido en ataque y cada vez se marcha menos de esa zona. En realidad nunca más abandonaría esa función, ni en la Sampdoria con Menotti ni en el Parma campeón de la UEFA en 1999. Otro título más para su currículo, por cierto. Si en la selección le cubría la espalda a Zidane en el Parma lo hizo con Verón, y en ambos casos funcionó bien. Titular por primera vez en la selección en aquel partido ante España en enero de 1998 que inauguró Saint Denis, trabajó para que Deschamps, Djorkaeff y Zidane jugasen a sus anchas. Aquel día convenció a Jacquet, que le llevó al Mundial. Cuatro años más tarde Lemerre también contó con él, aunque no jugó ni un minuto en Corea y Japón no jugó ni un minuto.