Palabras certeras
El accidente mortal sufrido por Lorenzo Ledesma mientras practicaba bungee, una variante del puenting, en un viaducto sobre el río Cofio, ha vuelto a poner en el paredón de los fusilamientos los tan traídos y llevados deportes de riesgo. Deberemos esperar a la investigación judicial para opinar sobre qué ocurrió y por qué ocurrió. Pero sí que estamos todavía a tiempo de llamar la atención sobre una perversión que se ha colado tras los titulares y las horribles imágenes televisivas con las que se ha ilustrado la noticia de este accidente y tiene que ver con el mundo de las palabras.
Todos los medios han hilvanado la crónica del accidente con disquisiciones sobre los deportes de riesgo, lo cual, bajo mi punto de vista, no es sino una perversión del lenguaje que lleva a confusión y deja malparados a los practicantes de dichos deportes. Probablemente incluso la calificación de deportes de riesgo no sea siquiera la más adecuada, pero ya que se ha generalizado me referiré a ella. Me pregunto si esos mismos medios habrían hablado de deportes de riesgo si el accidente se hubiese producido en uno de los muchos parques de atracciones y temáticos donde se ofrece este mismo tipo de saltos, pero desde una grúa. Creo sinceramente que no. Como tampoco lo hacen cuando una montaña rusa o cualquier otra atracción de feria sufre un fallo con desenlaces fatales.
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Resulta muy injusto y sobre todo equivocado equiparar estas actividades lúdicas a los verdaderos deportes de riesgo. Un kayakista o un parapentista por poner tan sólo dos ejemplos se preparan concienzudamente antes de afrontar el descenso de un río de aguas bravas o saltar al aire. Lo que implica muchas veces un gran conocimiento del medio natural, pues en él se desarrollan. Estudian las condiciones del medio donde se van a meter, procuran entrenarse y conocer al máximo tanto el aparato que van a controlar como sus propias aptitudes y posibilidades físicas y mentales. En definitiva, procuran limitar la porción de incertidumbre a lo que es imposible de controlar o prever dentro del medio natural. Creo que esto tiene poco o nada que ver con dejarse atar a unas cuerdas que otros han preparado, firmar un papel asumiendo la responsabilidad y tirarse al vacío.
Me gustaría que estas afirmaciones no se tomasen como un modo de culpabilizar ni menospreciar a nadie. Tan sólo creo que es de justicia diferenciar claramente entre la mentalidad con la que se deben afrontar los verdaderos deportes de riesgo y la que requieren otras actividades puramente lúdicas. Se debiera ser más cuidadoso con el uso de las palabras, porque la perversión del lenguaje es la primera de las equivocaciones que pueden conducir a planteamientos erróneos y juicios equivocados. La forma de evitar que vuelvan a ocurrir accidentes como el de Lorenzo empiezan por ser claros y certeros a la hora de llamar a las cosas por su nombre. Así nadie se llevará a engaño.