Historias melodramáticas de ciclismo
El ciclismo está lleno de historias sobrecogedoras. Simpson que se muere por una sobredosis de fármacos subiendo el Mont Ventoux, montaña enigmática donde las haya, un monje que revela que Coppi fue envenenado en Burkina Fasso por la tribu de un ciclista que le juró odio eterno y el fallecimiento de 17 ciclistas holandeses mientras dormían al espesárseles la sangre a consecuencia de inyecciones incontroladas de EPO son las más truculentas. Hay otras que igualmente inspirarían guiones melodramáticos. La última se escribió ayer y es más original. La protagonista es una mujer.
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Es la historia de una esposa que acude al lado de su marido mientras éste corre el Tour. Cuando acaba la carrera, es detenida en un control aduanero por llevar fármacos prohibidos. Ingresa en prisión, mientras el marido desaparece. Sabemos el desenlace, pero desconocemos la trama. Es fácil de imaginar, mas la ciencia, en forma de controles antidoping, no ha logrado desvelarla; será la policía quien, tirando del hilo, nos la muestre algún día. Y es que, no nos engañemos, la justicia deportiva sólo sirve para descubrir a los más tontos. Los más listos saben bien cómo burlarla. Lo llevan haciendo años.
En Francia, como en Italia, portar fármacos de uso restringido está prohibido. En España también, pero como no es delito no se persigue. Ejemplo: me pillan aquí con una ampolla de EPO por la calle y puede que hasta ni me la quiten. Me pillan en Francia o en Italia y me he metido en un lío. Hasta que diga cómo la he conseguido, para qué la quería e investiguen a todas las personas que implique en el caso, puedo pasarme unos cuantos días a la sombra. Esa es la gran diferencia y por eso dicen que España es un paraíso del doping, porque mientras aquí es una falta administrativa, por ahí fuera es delito.
