Capitán América
Lance Armstrong, volando bajo, consiguió la victoria en la contrarreloj.
Dos bandos: los que defienden a Armstrong como si fuera su primo de América y los que aceptan, acatan y admiran, pero siguen dudando.
Las dudas de los segundos alimentan a los primeros, que tararean (para provocar) aquello de "Americanos, vienen a España guapos y sanos, viva el tronío de ese gran pueblo con poderío, olé Virginia y Michigán y viva Texas que no está mal". Los segundos, entonces, señalan hacia el mural de Indurain, en concreto la foto en la que está vestido de rosa, y, haciendo la señal de la victoria, susurran: "Pero este, además, ganó dos Giros".
Unos y otros no sólo se lanzan estadísticas a la cabeza, sino que también apelan a cuestiones sentimentales como el cáncer, la chulería, la sospecha, la modestia o el carácter. Todo vale.
La comparación es complicada porque Indurain está en las vitrinas y Armstrong, al galope, pero transforma el rodillo en emoción y nos recuerda aquellas discusiones de la infancia en las que enfrentábamos a Supermán y al Capitán América.
Esto sería una apasionante lucha intestina si no fuera porque Eufemismo Fuentes asegura que ese tipo de conflictos intestinales sólo le afectan a Óscar Sevilla, que además tiene stress, cielos.
¿Y el quinto? Pero volvamos a lo elevado: ¿ganará Armstrong cinco Tours? Lo siento por los que dudan, pero si se lo propone no encontrará más rival que él mismo. Además, no hay ningún ciclista en el palmarés del Tour que haya ganado sólo cuatro ediciones. O tres o cinco. Ninguno se paró en mitad de ese puente, quizá porque al otro lado está la puerta de la Historia. Mucha tentación, aunque brazo fuerte asegura que echa de menos no estar más tiempo con sus hijos y quiere verlos crecer... lo que se dice en estos casos para que no te echen de casa.
De momento, Armstrong finiquitó ayer su cuarto triunfo con una apabullante victoria en la contrarreloj, que no sirvió sino para ratificar lo que ya se sabía: que vuela bajo. Botero, la esperanza de los sin esperanza, no tuvo las musas en orden.
Fue, sin embargo, Raimundo Rumsas el que dio algo de emoción al fiambre al amenazar el segundo puesto de Beloki con un rendimiento casi sideral. Aunque al final no hubo sorpresa y el español terminará segundo, con un minuto de ventaja.
Sin despreciar el Tour, Beloki debe plantearse otros objetivos y el Giro es de su medida. No vaya a ser que se le ponga cara de podio sin guinda. En definitiva, que la carrera se cierra con cinco españoles entre los diez primeros: Igor (quinto), Mancebo (séptimo), Heras (noveno) y Sastre (décimo). Nuestro ciclismo se instala en la clase media-alta pero no tenemos más ganador que Freire, y su reino no es de este mundo.
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Indurainistas. Y aunque nos duela, es bueno que exista Lance Armstrong, pues campeones como él dan sentido al Tour y taponan la entrada de mortales para los que se inventaron otras carreras. Incluso los indurainistas aman al americano, porque es el único que les recuerda a su santo patrón.
Por cierto, tras dura pugna con Piziks (que ayer perdió 10:01), Igor Flores (que cedió sólo 7:13) mantiene el último puesto, con 55 segundos de ventaja sobre el letón, que hoy podría pararse en los Campos Elíseos a hacerse una foto. De menor rango será la pelea a tortas entre Zabel y McEwen por el maillot verde.