Borgoña, la tierra del buen vino
- Separados por el río Ardières se elevaban dos poblados galos que los romanos llamaron Rigné y Dueria. Durante siglos su suerte fue alterna y el beneficio de uno representaba el hundimiento del otro. Así hasta el siglo XVII, cuando el cura de Régnié construyó una pasarela que le permitiese cruzar a Durette para asistir a sus habitantes en sus penurias físicas y espirituales. Luego, Régnié se hizo popular por sus vinos de Beaujolais y Durette por sus industrias de transformación, pero hasta enero de 1973 no se fusionaron formando una unidad administrativa.
- De uno en uno, los ciclistas enfilarán los cincuenta kilómetros para llegar a Mâcon en el sur de la Borgoña. Borgoña y Burdeos son los términos por los que se conocen los vinos más reputados de Francia. Pero mucho antes, en estas tierras, tuvo lugar la batalla de Alesia, donde Julio César puso fin a la independencia de los galos tras derrotar a su ejército, capitaneado por Vercingetorix. En el siglo V, la región fue invadida por la tribu germánica de los burgundios, a quienes debe su nombre, que crearon un gran reino y dieron origen a la célebre leyenda de los Nibelungos, fuente original de sucesivos literatos y músicos.
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- Cerca de Mâcon, en el monasterio de Cluny, se gestó una de las grandes reformas de la iglesia católica, siendo foco espiritual, artístico y político de la Europa medieval. Su iglesia llegó a ser la más grande de toda la cristiandad hasta la reconstrucción de San Pedro del Vaticano en el siglo XVI. En Cluny, punto de salida oficial del Camino de Santiago, predicó mi santo patrono, Bernardo de Claraval, la Segunda Cruzada para reconquistar Jerusalén.
- Asimilados los burgundios en el reino de los francos, su territorio se convirtió en un ducado que llegó a alcanzar gran poder político y militar con la dinastía de los Valois. Aliado unas veces con Inglaterra y otras con los principados germánicos trajo en jaque al reino de Francia, hasta que en 1477, su soberano, Carlos el Temerario, perdió la vida y el ducado ante los muros de Nancy. Los derechos de éste pasaron a manos de su hija María, que matrimonió con Maximiliano de Austria y fueron los abuelos de nuestro Carlos, rey y emperador. Las permanentes guerras de Carlos V con los franceses siempre tuvieron como factor fundamental la recuperación de Borgoña. Herencia borgoñona de nuestra monarquía española es su máxima distinción honorífica, el Toisón de Oro, orden creada por Felipe el Bueno, duque de Borgoña.