Ciclismo | Tour

Queda un farol

Etapa sin historia en la que venció el noruego Hushovd (Credite Agricole). Casi todo está claro ya salvo la lucha encarnizada por el último puesto

<b>CERCA DE PARÍS.</b> Sólo queda una contrarreloj antes del paseo por los Campos Elíseos.
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Podría hablarles de lo que sucedió en la etapa de ayer, pero muchos de ustedes pasarían la página sin remisión al llegar hasta esta quinta línea, porque ya oyeron algo o porque no oyeron nada, lo que en estos casos viene a ser lo mismo.

Intentaré fijar su atención: para ello, abran la pinza que forman con el pulgar y el índice y suelten la página, déjenla reposar que hoy no hablaremos de los primeros ni de sus elevadas batallas; hablaremos de los últimos y de sus riñas mundanas, asuntos más cercanos a todos nosotros, me temo.

Mientras diez extranjeros se partían el pecho en cabeza de carrera y el pelotón repartía los diplomas de fin de curso, atrás, muy atrás, se libraba una pelea encarnizada. Totalmente descolgados (también totalmente colgados), circulaban dos ciclistas: Igor Flores (Euskaltel) y Arvis Piziks (CSC). Su objetivo: ser los últimos del Tour de Francia. En el cumplimiento de tal misión, retenían la marcha, se dejaban caer hasta los coches de sus equipos... se hacían los lonchas, vamos. Pero tranquilos, porque al final, Flores, enorme, consiguió mantener el farolillo rojo al cruzar la meta a 15:39 del ganador de la etapa. Pizkis, que no pudo resistir el ritmo caracol, pasó la línea a 14:02. La crono de hoy se presenta apasionante, con el letón huyendo del español y este intentando ser doblado.

Pero estas historias, aunque poco frecuentes, no son nuevas. Fue el Giro de Italia, en los años 40, la primera gran carrera que instituyó un premio para el último clasificado: la maglia nera (el maillot negro). Y cuentan que la ocurrencia surgió de un periodista, quizá harto de buscar el último ciclista para hacerle la entrevista de rigor.

En aquella época hubo prestigiosísimos maglias neras, como Malabrocca o Carollo, este último un fuera de serie que acabó un Giro a 9 horas y 57 minutos de Fausto Coppi.

Y aunque la maglia nera fue desterrada para no herir susceptibilidades (los últimos se volvieron tristes) y se sustituyó por aquello del farolillo rojo, esta misma temporada el Giro del Veneto decidió recuperarla bajo el patrocinio de una marca de ropa deportiva, que entiende que los últimos no son unos escaqueados, en contra de lo que pudiera creerse, sino los que más tiempo están sobre la bicicleta.

Pero regresemos a la cruda realidad, porque ayer hubo etapa y cómo sería que no atacó ni Jalabert (lo juro), sólo un grupo de tipos altos con pinta de norteños entre los que estaba el alemán de la ONCE Jaschke, al que uno intuye con demasiada categoría para las labores menores que se le encomiendan.

En el pelotón es de suponer que Armstrong se daba un baño de multitudes, como esos dictadores que dan las manos a sus súbditos en los días de puertas abiertas que generalmente están cerradas. Habrá que ver si hoy remata su Tour más fácil con una victoria en la crono o se nos aparece San Botero Dubitativo.

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La etapa fue para un noruego, de apellido Hushovd y de nombre Thor, dios nórdico representado con un martillo, de largas melenas y altamente justiciero (en España sería un fontanero).

Mientras se entregaban en el podio besos y coca-colas, la guerra por la maglia negra se libraba a sólo 15 minutos de allí, aunque muy lejos, casi en otro mundo.

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