Barcelona no para
La vocación deportiva de Barcelona es envidiable. No por la colosal fiesta que montó anoche en Montjüic para conmemorar los Juegos del 92, sino porque desde entonces no ha parado en organizar competiciones para rentabilizar las instalaciones, algo que no hicieron en Atlanta allí hasta derribaron el estadio olímpico ni en Sydney. Es cierto que ayer se echó en falta alguna manifestación deportiva, pero los números no salían. Lo apropiado era una mini reunión de atletismo, mas la cotización de los atletas disparaba el presupuesto. De hecho, Barcelona suspendió hace años su meeting.
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Barcelona tampoco necesitaba ayer apoyarse en ninguna manifestación deportiva para mostrar lo que quería: el recuerdo de los Juegos y la presentación de un futuro que impulsara el Foro de las Culturas que organizará dentro de dos años. Que no olvida el deporte es obvio. Después del 92 organizó un Mundial de atletismo en pista cubierta, otro de fútbol sala, un Europeo de baloncesto, una final de la Euroliga de baloncesto y la final de la Copa Davis. Y aún le queda el Mundial de natación y otra final de la Euroliga. Tremenda su voracidad, su influencia, su capacidad y sus medios.
Y fácil no era, porque Sevilla primero, y después Madrid también, echan el resto en su carrera olímpica para organizar cuantas competiciones puedan. Sevilla se llevó el premio gordo de los Mundiales de atletismo al aire libre, además de campeonatos de natación y balonmano. Madrid, como se incorporó más tarde, coge todo lo que va quedando libre. No hay que mirar con malos ojos la competencia que hace Barcelona. Es tan buena anfitriona que lo que hace es contribuir a que cada vez que suena el nombre de España para celebrar algo, ya contamos con la predisposición de que se nos conceda.
