Inauguración repleta de magia y color
La flecha ardiendo de Rebollo fue la culminación de una excelente ceremonia.

La flecha lanzada por Rebollo (arquero minusválido) voló dos segundos y 75 centésimas y rasgó la noche de Barcelona como un pájaro de fuego suicida e incendiario, que murió en gran pebetero del estadio olímpico de Montjuïc y a su vez dio vida al fuego sagrado de Olimpia. Eran las 20:45 del 25 de agosto de 1992, hace hoy diez años.
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Se trataba de la culminación de una ceremonia brillante y original, la mejor celebrada hasta entonces. Mediterránea, mágica y colorista, en la que hubo desde un toque andaluz (Cristina Hoyos) hasta ópera de la buena (Plácido Domingo, Montserrat Caballé...) y que rompió todos los moldes conocidos.
El ex piragüista Herminio Menéndez, el olímpico español más laureado, introdujo la antorcha en el estadio. La cedió luego al baloncestista Epi, que llevó el fuego hasta la punta de la flecha de Rebollo. Y entonces el arquero tensó la cuerda, soltó los dedos y la flecha incendió el pebetero. Y Barcelona se volvió del revés. Luego vinieron las veintidós medallas.
