Sólo un héroe
Boogerd ganó la etapa reina. ONCE e ibanesto mataron las opciones españolas.
Nos salen dos seises y nos pierden nuestras miserias caseras. En el Galibier, el primer muro de una etapa descomunal, se formó una escapada maravillosa: Botero y Sevilla (Kelme); Osa, Santi Blanco y Bruseghin (ibanesto); Pradera, Nozal y Azevedo (ONCE); Boogerd y Jalabert. Españoles variados para no herir susceptibilidades, suficientes ciclistas y lo bastante buenos como para abrir hueco y plantarse solos en la meta. Únicamente algo así podía revivir el Tour y provocar una situación de carrera diferente, no prevista por el líder.
Los sublevados coronaron el Galibier con un minuto de ventaja, qué gran día de ciclismo nos esperaba. ¿Y saben qué ocurrió? Pues nada. Manolo Saiz ordenó a sus ciclistas que no colaboraran en la fuga. Prefirió renunciar a la posibilidad de ganar la etapa por miedo a que Botero (a más de 11 minutos) amenazara su glorioso podio. Prefirió aliarse con Armstrong; no es raro que el americano contrate gregarios españoles, son sumisos.
Y como la cobardía es altamente contagiosa, el ibanesto decidió que si la ONCE no tiraba, pues ellos tampoco; muy dignos todos, qué importan los aficionados, qué importa la televisión, qué más da la imagen de sus equipos. El US Postal, que se había lanzado a bloque (pelín nervioso), cazó en las rampas del Telegraph, a todos menos a uno, porque segundos antes de la fusión Boogerd se había largado, ahí os quedáis.
El holandés, que es un grandísimo campeón de media cilindrada (250cc), se fue enganchando desde entonces a diferentes trenes y consiguió cruzar en solitario La Madeleine.
Por allí pasó el pelotón a siete minutos, dirigido, pásmense, por Santi Blanco. Si supiera qué hacía allí se lo contaría. Algunos sprinters resistían el ritmo infernal. Ya en La Plagne, Boogerd perdía ventaja a chorros. A diez kilómetros de la meta su diferencia era de cuatro minutos sobre Carlos Sastre, que había demarrado del grupo principal. Más atrás, lo de siempre: Rubiera, Heras y el ataque de Armstrong, que no tardó en enlazar con el cuñado del Chava, al que no dejó de rueda (para que luego digan que no hace prisioneros).
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Aunque estaba destrozado, Boogerd supo administrar cada miligramo de fuerza para llegar victorioso, que los valientes, a veces, tienen premio. Sastre culminó a 1:25, junto al líder. Después: Beloki y Rumsas a 2:02, Botero a 2:23 y Mancebo a 2:51. Igor, a 4:39, pierde el cuarto puesto en favor de Azevedo y se despide del podio (es otro piloto de 250cc).
Y un último apunte (de pistola) dedicado a la patética televisión francesa, empeñada en enfocar a Jalabert o Virenque o al padre de Moncutie antes que atender a los lugares donde se juega la carrera. Les mandaré una maldición propia de algún ilustre director deportivo: que se fastidien, que ellos tampoco ganarán el Tour.