El dueño de la pelota
Más allá de los hinchas de Boca, es lógico dudar de la adaptación a nuestra Liga de un jugador creativo pero curtido en una Liga que deja más tiempo para pensar.


El 28 de junio de 2001 Boca Juniors y Cruz Azul juegan en la Bombonera la final de la Copa Libertadores. Boca pierde 0-1 y Riquelme se adueña de la pelota. Juega donde le gusta, con libertad por detrás del único punta, lejos del mediocentro y sin preocupaciones defensivas. Pisa la pelota y la monopoliza hasta el punto de enfadar al público. Ralentiza tanto el juego que incluso su hinchada le silba. De esa forma había asombrado en aquellos últimos minutos de Tokio ante el Real Madrid. Parecía imposible quitarle la pelota. La diferencia es que en Tokio Boca ganaba y ante Cruz Azul, perdía. En los últimos tres años, Riquelme ha acentuado su individualismo hasta límites peligrosos. Ése es el gran problema que le toca a Van Gaal resolver.
Riquelme está acostumbrado a crear juego él solo, con peones a su lado dispuestos a cualquier sacrificio. Algo que no le ocurrió en sus inicios en Boca como mediocentro pero sí en los últimos años. La marcha de Rivaldo alivia un poco el problema, pero en el Barcelona se le acabó ser el único dueño de la pelota.
Velocidad
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Si a su fútbol lujoso le añade velocidad y mayor sentido colectivo, estamos ante un fenómeno que puede marcar las diferencias. Hay muy pocos en el mundo con tanto talento para inventar cerca del área. De la misma forma que Bielsa desconfía de su capacidad para integrarse en su fútbol de tanto trabajo táctico, es lógico pensar en los problemas de adaptación a un fútbol más rápido, con estrellas y no peones al lado.
Y el caso es que Riquelme no siempre tuvo ese defecto. Cinco años antes había debutado en el Boca. Se terminaba el ciclo de Bilardo y aquel Riquelme soltaba el balón más rápido. Jugaba de mediocentro, un puesto que poco a poco ha ido abandonando para acercarse al área rival. En sus primeros tiempos de Boca le ayudó Cagna, pero fue adelantando su posición. El último Boca campeón con Riquelme tenía a Serna, Villarreal, Gaitán y Traverso por detrás, cuatro futbolistas de mucho trabajo, de los que se sacrifican para que juegue la estrella. En el Barcelona y en la Liga española las cosas son muy distintas, por el ritmo de juego superior del fútbol español y un mayor nivel de exigencia.