Ciclismo | Tour

Ganó un amigo

Enorme victoria de Botero en Dos Alpes, tras provocar él mismo una escapada

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Lo tiene todo. Es capaz de batir a Armstrong contra el crono y es capaz de ganar una etapa alpina y justo por eso, por dominar ambas suertes, debería ser el candidato ideal, el gran rival del tirano, pero no, es Botero, alguien diferente, tanto como lo puede ser un colombiano rubio y de ojos azules, tanto o más.

Quizá el problema sea precisamente ese, el disfraz de nórdico, porque desde allí surgen el resto de confusiones. No parece colombiano y lo es, y cuando asumes el origen crees que será un escalador y no lo es (no exactamente), porque es un contrarrelojista, pero tampoco exactamente porque fue Rey de la Montaña en el Tour.

Y cuando después de tanto equivocarte crees estar ante un ciclista que lo tiene todo, vuelves a caer, aunque sólo a medias ya que lo tiene todo, sí, incluidas todas las dudas del mundo porque cuando se mira al espejo no ve ningún escarabajo, sólo a un sueco, y se derrumba.

Botero se escapó ayer nada más iniciarse la etapa más larga del Tour (226,5 km). No abrió hueco y durante muchos kilómetros estuvo a 30 segundos del pelotón. Pero siguió tirando; se lo había prometido al profesor Belda. En cuanto se rompieron los tirantes cuajó una fuga de siete rebeldes: Chente, Aerts, Merckx, Casar, Magnien, Hvastija y el propio Botero. Su ventaja se disparó pronto (10:30 a 90 km de meta) aunque el US Postal marcaba el ritmo cansino de los sabuesos.

En la base del último puerto los escapados tenían nueve minutos de ventaja. Primero demarró Merckx (plomo en el apellido) y luego contraatacó Botero, de pie, con las manos en la parte baja del manillar, como sprintando en plena cronoescalada. Ganó, lógicamente, y su entrada en meta fue de las que te ponen un nudo en la garganta que tienes que disimular y decir que te has atragantado, que el kiwi tenía pelos.

Por detrás tiraba la ONCE para neutralizar a Chente, peligroso para la clasificación por equipos, y reducir diferencias con Botero, nueva amenaza en la general. Y cuando todo parecía repartido, a 500 metros de meta, Beloki atacó a Armstrong y el americano tardó en salir tres segundos, que parecieron cuatro. Le cazó en meta, junto a Rumsas y la osadía sirvió para que Igor perdiera 14 segundos con el lituano, rival de podio.

Hubo otras proezas mini Baby Bell. En la última cuesta también atacaron Mancebo y Osa. Tras ellos saltó el sargento Heras, que los superó sin problemas pero que fue capturado después por el incansable Mancebo.

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En resumen, que venció uno de los nuestros, Botero, y como sucede cada vez que gana algo todos volveremos a preguntarnos qué sería de él si creyera en sí mismo, si no se autoderrotara tan a menudo (perdió 15 minutos en el Ventoux). Pero estos genios tan sensibles a los pajarones tienen un no sé qué que te impide dejar de quererlos (vuelve Chava).

Y sin tiempo para limpiarse el sudor hoy llega una etapa colosal en la que no hará falta atacar porque los ciclistas irán reventando por el camino. Cinco horas de ciclismo puro y en directo, pasión, gloria y miserias, que este deporte inventó el Gran Hermano.

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