Yo digo Juan Mora

Los fármacos no ayudan a Armstrong

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Vaya por delante una premisa: si Armstrong toma fármacos que son considerados doping en el deporte lo hace para salvar su vida, no para ganar el Tour. Y si así fuera, no le reportarían mayor ventaja con respecto a sus rivales. Es fácil que se someta periódicamente a un tratamiento de testosterona por la sencilla razón de que sus testículos dejaron de producirla a consecuencia del cáncer. Y lo más probable es que aún así su nivel sea inferior al de otros corredores, pues la sobredosis podría desencadenar un cáncer de próstata, sobre todo en alguien que ya ha sido marcado por la enfermedad.

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Es fácil que Armstrong, además, tenga que recurrir a la EPO, o a algún otro sustitutivo, porque sus riñones pudieron quedar afectados por el cáncer. Dando por cierto este supuesto, lo único que haría es correr en igualdad de condiciones contra los demás ciclistas. Si éstos no superan el 50% de hematocrito, pues de lo contrario pueden sufrir consecuencias fatales, los médicos de Armstrong también impedirían que sobrepasara ese nivel. Y en cuanto a anabolizantes —y en esto sí que estaría en desventaja— ni olerlos, pues están especialmente contraindicados para quienes han sufrido cáncer.

Descartado que la química le proporcione ventajas, su superioridad se explica en algo que está a la vista: su técnica impecable y su capacidad de concentración, cualidades que Armstrong mejoró tras su enfermedad. Armstrong, superado el cáncer, no quiso dejar el ciclismo y se dedicó a exprimir los aspectos que más podían influir en la mejora de su rendimiento. Aprovechó la pérdida de peso para estilizar su físico y recuperó la fuerza a base de proteínas puras. Nació el campeón. Ha mostrado cuál es el camino. Es más largo, pero tiempo era lo que le sobraba a Armstrong, después de haber visto la cara de la muerte.

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