El último tren
La carrera afrontará desde hoy y hasta el próximo jueves los temibles Alpes
Hoy tomaremos el pulso de la calle, que no hace mucho calor. Dicen en el bar que Armstrong aburre y los camareros son más fiables que Sofres. Aseguran que ahora no hay emoción, que con Indurain era distinto, que vete a saber lo que está tomando el americano, que ni cáncer ni gaitas, que era skin.
Me imagino que Armstrong ganaría en popularidad si hubiera nacido en Turégano, pero ser extranjero y sobre todo de Estados Unidos le otorga una condición doblemente sospechosa, como si JR nos hubiera invadido el Tour, nuestra isla Perejil, que encima no es nuestra, como se sabe. Y además es un chulo, me apuntan.
Bien, hasta aquí la calle. Pero de todos los cargos, Armstrong sólo es culpable de arrogancia, una enfermedad de campeón que Indurain no tuvo. También molesta su ambición, pero en el deporte esta condición no es pecado, sino virtud. Y yo, que soy hereje, creo que Indurain sí pecó cuando dejó ganar a otros en las montañas, aunque tales faltas las convertimos en generosidad e inteligencia.
Curiosamente, en su día, muchos no perdonaron que el americano le entregara la victoria a Pantani en el Mont Ventoux, porque se le notó mucho, decían.
Y luego está la sombra del dóping, que no conviene menearlo por si al final se nos cae el árbol encima de nuestros santos. Más saludable es creer en los héroes.
Hoy llegan los Alpes y estamos como achicados no vaya a ser que encima se enfade. Igual hacía Hinault, que metía minutos y miedo a partes iguales. Además parece que la ONCE ya ha cumplido con su ataquito en el Mont Ventoux; no ven que cuanto más grande es el rival más lejos hay que abordarle. Mejor barcos que honra, deben pensar, aunque ellos, más que nadie, deberían valorar las cosas que no se ven.
En la etapa de hoy volverán a salir trenes de aventureros y locos porque US Postal no debe (ni puede) pegarse un palizón de 200 kilómetros para controlar la carrera hasta el último puerto. En esas fugas estará el ganador de la etapa y quién sabe si algún ciclista con algo más.
Noticias relacionadas
Sevilla, Botero, Zubeldia, Osa y Mancebo tienen la obligación de ser valientes porque hasta ahora han nadado por aguas en las que hacían pie. También deben moverse sus equipos, rendidos casi antes de empezar. Ningún país cuenta con tantos corredores buenos para ganar las pedreas.
Hoy nos espera un maratón sobre una montaña rusa y mañana una etapa monstruo (Galibier, Madelaine y La Plagne). Cuentan las malas lenguas que en tiempos de sequía los organismos revientan en la tercera semana. Se vio en el pasado Giro. Pero, ¿cómo atacar sin fuerzas? ¿cómo resolver el enigma? En el bar me lo sugieren: si un coñac no le pega le reventarán diez. La ley de la calle.