Ciclismo | Tour

A sus órdenes

Virenque ganó en el Mont Ventoux. Beloki atacó a Armstrong y fue castigado

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En momentos así conviene abrir el álbum de fotos de Indurain, para venirse arriba, porque él también devoró a toda una generación de ciclistas, en su caso encabezada por Bugno y Rominger, cualquiera de los dos infinitamente mejores que los rivales que ahora se encuentra Armstrong en su camino hacia la gloria absoluta, los cinco Tours.

Visto con cierta perspectiva, Pantani y Ullrich han sido sus únicos enemigos, porque lo demás, lo de ahora, no pasa de leal oposición, sin categoría para ganar un Tour. Basta lo ocurrido ayer para confirmar que la Era de Armstrong acabará de muerte natural.

Y eso que por primera vez Beloki atacó al americano y lo hizo casi al principio del Mont Ventoux, como dicta el libro de los héroes. Pero la respuesta de Armstrong fue un demarraje violento, casi ofendido, porque se le nota que no puede ni ver a Manolo Saiz y le quiso mandar un recado: mira lo que hago yo con tus estrategias. No obstante, puestos a morir, esta vez lo hicimos con cierta gallardía.

Aunque el final fue el mismo, en esta ocasión varió el guión y Armstrong se quedó pronto sin equipo (hasta Heras reventó). En los Alpes será difícil que vuelva a contar ellos y ese es el único resquicio por el que se puede colar una esperanza, la última: un ataque desde lejos, un momento de descontrol; no nos rindamos nunca, ni dentro del puchero.

Tampoco se rindió Virenque (32 años), un tipo de los tiempos de Indurain, que primero fue gran esperanza francesa, niñato insoportable y gesticulero, luego corredor maldito condenado por doparse y que por fin se ha convertido en un ciclista entrañable y hasta simpático con arrebatos de campeón. Ayer, consciente de que su cabeza pedalea más rápido que sus piernas, se metió en una fuga, única forma de escalar el Ventoux con ventaja. Pradera (ONCE) fue el único español que pensó igual.

Virenque resistió la embestida final de Armstrong, le aventajó en 2:20 y demostró que hay más dignidad en intentarlo que en terminar décimo de la general y no creo que sus fuerzas y las de los que por eso luchan sean muy diferentes.

Al final, el mejor español de la jornada fue Mancebo, el hombre de goma (se queda pero no se queda), que cedió 3:51 y ya es quinto en la general sin hacer ruido. Aunque nos distraigan otros, quizá sea él, por edad (26 años) y progresión, nuestro aspirante.

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Beloki, que se jugará el segundo puesto del podio con Rumsas, no aguantó el ritmo del lituano y el joven Basso y cedió con ellos 29 segundos, 1:45 con Armstrong. Y qué decir de Sevilla, que se dejó 5:52 y de tanto como sufre nos acabará por denunciar la UNICEF; o de Botero, que perdió 15:04, imposible confiar más.

No se aflijan, aún nos queda una salida digna: acomodar el cuerpo y cambiar el gesto y la estrategia, disfrutar de Armstrong, que morir ante un campeón así es ganar una historia que contar cuando mañana ya no haya ciclistas como los de antes.

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