Viaje a la luna
El pelotón llega hoy al mítico Mont Ventoux, la montaña pelada en la que murió Tom Simpson. Millar ganó ayer a Etxebarria en el sprint de fugados

Bienvenidos al Mont Ventoux, un mito, la montaña calva, un trozo de luna detrás de un bosque. En sus rampas murió Tom Simpson, campeón del mundo, repleto de anfetaminas y de alcohol, como una estrella de rock, asfixiado por el calor. Y allí alcanzó lo que difícilmente hubiera logrado como ciclista: la inmortalidad.
Hace 35 años se mezclaron las historias de Simpson y el Mont Ventoux y surgió una leyenda que encierra todo lo que convierte al ciclismo en un deporte hermoso, brutal y, a veces, patético: la montaña, la muerte y el dóping.
El Monte Ventoso quedó para siempre como una escalada repleta de peligros. Si hace calor es el infierno, porque el sol se refleja en las piedras como en una placa de acero; si hace viento de cara, todavía peor. Los hombres del mazo montan guardias en sus cunetas.
Hoy se subirá después de 200 kilómetros totalmente llanos y será como una descarga eléctrica justo en el momento en el que el cuerpo esperaría encontrar la meta. Atacar desde abajo, cuando todavía hay árboles, es la única forma de reventar carteros (que están maduritos). Luego, en la superficie de la luna, hay que aliarse con el sol. Ya que nosotros no podemos con el americano habrá que recurrir a ayudas externas y ya tendría gracia que acabáramos con Armstrong en la luna (yo no me rindo).
También podría ocurrir que atacara Jalabert, que organiza fiestas todos los días. Ayer hubo, sin ir más lejos. El nuevo rey de la montaña (maillot de puntazos gordos) provocó la fuga de once ciclistas canela fina entre los que estaban Pascual Llorente, Latasa y David Etxebarria (un fijo en estos saraos). Su ventaja rondó siempre los diez minutos aunque los postales tiraban del pelotón y sólo al final se unió a la persecución el Lampre, con la excusa peregrina de defender el cuarto puesto de Rumsas, que ya empezamos a repartir miserias.
Desenlace
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A pocos kilómetros de la llegada, el grupo de cabeza se cortó por un amago de Jalabert y al final fue el propio Jalabert el que se quedó cortado, porque es humano aunque no lo parezca. Por delante se fueron Latasa, Etxebarria, Brochard, Booger y Millar. Los cinco se tiraron las sillas a la cabeza, se atacaron mil veces y en la última fue Millar el que se impuso a Etxebarria al sprint. Lástima por David, pero gracias a gente como él, que compra boletos, se mantiene viva la lotería, las quinielas y la ONCE.
Hoy se cierran las dos primeras semanas del Tour y sabremos si algún esclavo se rebela o por lo menos lo intenta, que tal y como está el patio ya sería para comprarse un póster suyo. Porque si hoy gana Armstrong en la cima del Mont Ventoux nos confirmará dos cosas que por sospechadas no dejan de ser terribles: que él es muy grande y que los demás son muy pequeños.