¡Al fin los Pirineos!
El Tour afronta hoy la primera etapa de alta montaña. Se subirán el Aubisque y La Mongie. Armstrong pondrá a prueba a los españoles. Halgand venció ayer
Les contaré el guión: sólo los valientes y los locos atacarán en el Aubisque. Los que tienen algo que perder esperarán a La Mongie, última escalada. Allí aparecerá el meteoro, con una arrancada violenta. Beloki intentará seguirle, pero sin volverse loco. Galdeano subirá a ritmo de padrenuestro. El mayordomo no sé, pero el asesino es Armstrong.
No crean, es fácil adivinar la película: ya la hemos visto los tres últimos años. Y la única forma de escapar a ese destino cruel es que alguien se atreva a cortar un cable (¿el rojo o el azul?) sin importarle quedarse pegado.
Vayamos por partes. El primer puerto, el Aubisque, es un coloso de paseo y un monstruo si hay pelea. En 1910, Octave Lapize, el primer ciclista en coronarlo, gritó a los organizadores: "¡Sois unos asesinos!". En sus rampas se debería formar la gran evasión y allí está la primera oportunidad para cambiar el futuro. Si Sevilla (o similar) se cuela en ese tren es fundamental que la ONCE entienda que el único enemigo es Armstrong y que lo que le hace daño a él es bueno para todos. Controlar la carrera es hacerle el trabajo sucio al americano (ver Ullrich). Aunque Saiz no termina de verlo y ayer reventó a su equipo en persecución de una fuga peligrosísima que culminó un tal Halgand.
Unos 33 kilómetros separan el Aubisque de La Mongie, ojalá estuvieran enlazados, pero bien es sabido que Leblanc pertenece a las fuerzas del mal. Nosotros seguimos igual: que tiren los carteros si quieren.
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Y en la última montaña, amigos, sálvese quien pueda, porque el cowboy pica espuelas. Quien esté por delante que huya como si le persiguiera el diablo; quien circule por atrás que se conforme con jadear a su vera o no perderle de vista. Y si al final, los onces no pierden más de un minuto se puede cantar victoria. Y si algún escalador ha recortado tiempo, aleluya que estamos todos vivos y coleando. Y mañana más, que esto es un aperitivo, cañita y aceitunas, verán los Alpes.
Hasta aquí, señores, la previsión meteoro-lógica. Y como resulta infalible anunciar algo a los cuatro vientos para que no se cumpla ni por asomo, aquí está mi contribución para acabar con Armstrong, aún a riesgo de mi leve prestigio profesional. Para que luego digan que no se puede teclear a tumba abierta.