Ciclismo | Tour 2002

Huele a pólvora

Mañana llegan los Pirineos y los favoritos preparan el ataque. En la jornada de descanso todos se mostraron optimistas. La procesión va por dentro.

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La última: Armstrong podría estar jugando de farol. Lo dicen los periodistas americanos, que creen que se dejó ganar en la crono para que sus rivales se confiaran y así darles el machetazo en la montaña. La comida basura está acabando con las neuronas del Imperio.

Veamos: quien pide mus con un solomillo de mano no es un estratega, es tonto. Quien da ventajas a los rivales aún a riesgo de su propio beneficio puede fundar una ONG pero difícilmente puede ganar un perro piloto en una feria. Todo esto viene a cuento porque Armstrong está radiante después del puyazo y hay quien deduce que todo estaba planeado, que el héroe es infalible.

Pero no lo es.

Sonríe a las viejas porque si hiciera pucheros le atacarían las mariposas. Libra otra batalla, la psicológica. Y eso fue ayer la jornada de descanso: un catálogo de afectado optimismo. Los de atrás anuncian ataques apocalípticos; los que están por delante se afilan los colmillos. Pero lo único cierto es que mañana surgen los Pirineos y el monstruo no da tanto miedo.

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Pese a todo, en igualdad de condiciones, el americano sigue siendo el gran favorito. Por eso mal haría la ONCE en llevarle las carreras controladas hasta el pie de los puertos. Sería distinto si cuando Sevilla y compañía se lancen al ataque la ONCE se apartara y dejara la responsabilidad al US Postal. Ya no es cuestión de mantener el amarillo, es cuestión de ganar el Tour y algo me dice que sólo provocando el caos la fiera acusará el castigo.

Hoy empieza otro Tour, sin maquillaje. Cada uno es lo que es y cuando lleguen las montañas los faroles sólo servirán para alumbrar a los mentirosos.

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