"Necesito tiempo y no quiero tensión a mi lado"
"Lo que quiero es vivir tranquilo y pasarlo bien en la pista. Yo no soy tan joven como Pau Gasol..."

La muñeca de seda que mece la manaza colosal del genio lituano domina el Martín Carpena. Tiro a tiro y entre flexiones, los 221 centímetros de Arvydas Sabonis vuelven a estirarse en las pistas del Palacio Municipal malagueño. Europa tiembla: vuelve el zar, que, encima, es del Betis.
¿Se encuentra ya listo para el combate...?
¿Está listo, dice? ¿Es para ir al Vietnam, o qué...? No me toque los h... (Un silencio altísimo y un guiño de pillo han precedido a esta respuesta, que llega desde las alturas guturales de una voz emitida a mucho, mucho más de dos metros de altura...).
La cosa va en serio, porque cuando pone esa cara no quedan dudas: Sabas quiere jugar. Como decía Rimas Kurtinaitis, "Sabonis no puede vivir sin el baloncesto".
Jo, yo lo que quiero es vivir tranquilo y pasarlo bien en la pista, que no me aprieten ni me pongan tensión encima. Me encuentro "no bien", pero mucho mejor de lo que esperaba. Cuando esté bien y cuando me lo pueda pasar bien, entonces diré si quiero jugar. Necesito tiempo, y que no me aprieten. Ahora me duele demasiado en el cuerpo. Yo no soy tan joven como Pau Gasol...
Ya ha hablado con Bozidar Maljkovic. Y con su amigo Javier Imbroda, claro.
Sí, claro. Todos me han llamado y yo he hablado con todos. Imbroda quiere que yo le diga algo, quiere conseguir algo y quiere que le responda. Como todos: todos quieren algo y saber cuanto antes. Pero yo no puedo decir nada. Todavía. Yo sólo pido estar bien.
¿Cómo ve Sabonis a Sabonis? ¿Más gordo, o qué...?
No, no más gordo. Bueno... sólo tengo siete kilos más desde mi último partido en Portland (29-4-2001, 12 puntos a los Lakers en el playoffs de la NBA). Entonces pesaba en torno a 130 kilos y eso está bien. Veo que aún puedo moverme y que tengo posibilidades de disfrutar. Ya veremos. Denme tiempo. Y sigamos con los entrenamientos: uno, dos, tres. Uno, dos, tres, tiro... (hace gestos cómicos de flexiones).
¿Tiempo, pero para ir adónde? ¿Al Málaga de fútbol...?
Nooo, pero si cada vez que juego al fútbol me parto dedos de pie. Además, yo soy del Betis, que viste de verde, como Lituania. (Sabonis se entrena usualmente con la camiseta de entrenamiento del equipo nacional lituano).
Bueno, al Málaga, no. ¿Unicaja? ¿Al Madrid? ¿A Los Angeles Lakers...?
(Enfurruñado)...No entiendo como la gente puede decir que voy a volver a Estados Unidos, cuando me vine aquí por no estar allí. Si hice eso, ¿cómo iba a querer irme otra vez ahora? Esas cosas no las entiendo. De todo lo demás, tengo que tomar una decisión, pero no se cuándo lo haré. Esperaré a estar bien y entonces hablaremos.
¿Cuánto tiempo tardará en decidirse? ¿15 días, más, menos...?
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No sé: tiempo. El tiempo que tarde en sentir que puedo disfrutar y hacer algo por un equipo. Y no me aprieten con tensiones, no me ahoguen. Mire, ya me están esperando.
Y Arvydas Sabonis pestañea sus ojos azules, y su largura invade, recortando la tensión, un fabuloso todoterreno BMW, negro endrina, aparcado en las puertas del Palacio José Martín Carpena, cercado por fans de Julio Iglesias. Dentro del BMW aguardan Sergei Belov, Homicius y Zygmantas, Ziggy, el rubito hijo mayor de Arvydas I de Lituania. Aquí se para el tiempo: en la muñeca de seda del zar de Kaunas.