Ciclismo | Tour 2002

Menos lobos

Botero e Igor bajan los humos a Armstrong. El colombiano ganó la crono y el español, que mantiene el liderato, sólo cedió 8 segundos ante el americano.

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Armstrong no lleva capa y no vuela. No es el ciclista sobrenatural de los últimos tres años, ese corredor de superioridad insultante que liquidaba el Tour en dos asaltos. Esa es la gran noticia: pasó el tornado y estamos vivos. No fue para tanto, algo ha cambiado, hay esperanzas razonables, por fin; pelearemos con él en la tierra.

Con la excepción de los escaladores puros, la primera contrarreloj es un fiel reflejo de las fuerzas de cada uno, sin trampas. Y la diferencia entre Armstrong e Igor, de ocho segundos, nos revela que, ahora mismo, no hay apenas diferencias entre Armstrong e Igor. Falta la montaña, cierto, y por allí nunca pasó Galdeano al ritmo de los mejores (ni de amarillo). Pero por vez primera Armstrong ha mostrado un signo de debilidad: en tres años no había perdido ni una crono larga del Tour. Esta era la única forma de abordarle: él más flojo y nosotros más fuertes.

Botero, casi español de Colombia, fue el único capaz de superar al tirano, al que aventajó en once segundos. Botero sí sabe lo que es pasar los grandes puertos, ya lo hizo (y sobrado) hace dos años, cuando acabó Rey de la Montaña. A pesar de esa inseguridad melancólica, capaz de anularle en los grandes momentos, tiene todo para ganar el Tour.

Pero quizá lo mejor para las aspiraciones españolas es que Igor no es la única baza. Beloki, por ejemplo, hizo el mejor tiempo de todos los escaladores (perdió 1:38) y está en la general a menos de un minuto de Armstrong. Es su segundo gran enemigo.

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Y hay más, porque el americano se encuentra con una situación de carrera inédita. Su equipo debe marcar el ritmo para asfixiar al líder y al tiempo controlar a media docena de grandes ciclistas en pie de guerra: Mancebo (como un tiro), Sevilla, Osa, Hamilton, Leipheimer y Frigo. Mucho trabajo para los carteros.

Ayer pasamos de los deseos a la realidad y vimos que no son distintos. Armstrong ha descubierto que esto no es una invasión perejil; vamos en serio. Hoy seguirá sonriendo, chulesco y desafiante: así reventará un día en una montaña. Pero es posible que ahora vea dudas en la cara de algún soldado. Y las dudas son contagiosas, se extienden por los demás y terminan en uno mismo. Estamos empezando a ganar el Tour, pero no lo comenten por ahí.

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