Ciclismo | Tour de Francia

¿Y éste quién es?

El suizo Bertogliati sorprende al pelotón, gana la etapa y se pone líder.

<b>DE REPENTE, UN EXTRAÑO.</B/>Rubens Bertogliati se impuso en Luxemburgo a todos los velocistas.
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Es curioso que un país como Luxemburgo (un poco Pin y Pon) tenga un Gran Duque y no un miniduque o un duquipón. Pero así son las cosas. El caso es que el Gran Duque Enrique (habitual del ¡Hola!) se presentó en la línea de salida para cortar la cinta de rigor y tuvo que esperar en vano la aparición de Armstrong (el Gran Jefe), reclamado sin éxito por la megafonía. Ante el riesgo de que confundieran a su alteza con Eduardo Manostijeras, se inició la etapa.

Comenzó entonces la frenética lucha por las bonificaciones. Jalabert (Jaja para la ONCE) era el gran favorito para bonificarse y vestirse de amarillo. Hubo escapadas, descontrol y caídas. Así es la primera semana: bombardeos y virgencita que me quede como estoy. Antes (en un gesto un poco Sánchez Romero) se culpaba a los colombianos del caos de los primeros días: se decía que no sabían rodar en grupo. Prejuicios. Lo único cierto es que no caben 190 coches en un scalextric.

Entre los damnificados por tanto frenesí, Moreau, la esperanza francesa, se cayó dos veces. Al final, perdió más de tres minutos y se descartó para el podio. Siempre les quedará Zidane.

Y entre tanta escaramuza llegó el susto. En el penúltimo puerto, un coche cortó el pelotón y se marcharon por delante justo los que estaban delante: Armstrong, Kivilev, Boogerd, Millar, Ivanov y nuestro Botero. Ni un membrillo. Por detrás, zafarrancho de combate. ONCE y CSC no tardaron en neutralizar, pero el Tour está repleto de cosas que no significan nada hasta que significan algo. Sevilla e Igor no volvieron a separarse de Armstrong, por si acaso.

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Se llegó al último kilómetro con el paquete compacto, pero morcillón; no había ningún equipo capaz de tensar el grupo. Y de eso se aprovechó el suizo Bertogliati, que saltó dando sacudidas como si fuera a despegar y se plantó solo en la meta, nuevo líder.

Nadie entendía nada. Ni Jalabert, que esperaba vestirse de líder; ni Zabel, ni Freire, ni el resto de la jauría. ¿Y éste quién es?, murmuraban. Eso mismo fue lo que se preguntó Armstrong al principio de la etapa cuando pasó junto a un señor muy serio con tijeras y corbata: ¿Y éste quién es? Luego lo entendió: era el Gran Duque Bertogliati.

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